Günter Grass navega entre tintas y anguilas
El premio Nobel de Literatura de 1999 no solo es escritor. Una colección de grabados muestra que es un intuitivo dibujante.
La generación de Günter Grass (Danzig, este de Alemania, 1927) es hija de la guerra. Quiera que no, su imaginación quedó galvanizada por el gemido masivo de sus millones de muertos. Pocas veces un artista de esa generación ha sabido traicionar la conciencia de esas muertes en una de sus obras.
"El rodaballo" (1977) es una de ellas. Es un complejo ensayo de exploración acerca de las relaciones entre lo masculino y lo femenino.
Fue una llama doble: además de una ambiciosa novela (casi la suya más celebrada luego de "El Tambor de hojalata"), una extravagante colección de grabados.
Esta noche, a las 19:00, se abre una exposición que muestra el testimonio del Grass pintor. Será en la Asociación Humboldt (Polonia y Vancouver) y contará con la participación de Juan Carlos Cucalón, quien realizará un performance teatral sobre la base de textos de la novela de Grass.
Un rodaballo es un pez famoso por las ensoñaciones fantásticas que ha provocado en las tradiciones europeas y muy apreciado en la cocina contemporánea. Una de estas fantasías populares relata que un rodaballo mágico se le presentó a una pareja de campesinos con la promesa de cumplir sus deseos como pago a un favor. La mujer va de deseo en deseo hasta que, ebria de poder, pide ser Dios.
Entonces el pez los devuelve al instante a su condición inicial.
Sobre ese cuento, y a tenor de varias y desgraciadas circunstancias personales (entre otras, un segundo divorcio en ciernes), Grass invirtió los términos de la leyenda y colocó al hombre como depositario de la infatigable sed de poder.
Con esta maniobra tuvo el esqueleto de un proyecto que le llevo cinco años de escritura y composición pictórica intensas.
A primera vista lo que hay en la sala Gooethe de la A. Humboldt es esto: 25 cuadros poblados obsesivamente por anguilas, caracoles peces y muñecas; eventualmente, aquí o allá, aparecen rostros humanos (entre ellos, algunos autorretratos). Las figuras responden a una concepción del dibujo casi nerviosamente puntillosa.
Las líneas tiemblan ligeramente en el momento de construir los contornos de los rostros, los cuerpos engañosamente tranquilos de los caracoles, o la sinuosidad del movimiento de las anguilas. El manejo de la luz (a través de una estrategia de tramas que se espesan o diluyen según el efecto emocional del trabajo) es una de las características más fuertes de los grabados del artista alemán.
Para Cucalón, la figura de la anguila es un símbolo de los nueve personajes femeninos que, en la novela, representan las partes de lo masculino. La cantidad tampoco es azar: el nueve remite a los meses de gestación de un ser humano, así como a la triple trinidad que, según Cucalón, marca el espíritu de la obra: "El hombre, la mujer y el rodaballo son las tres partes de una unidad que se multiplica para indicar la relación entre hombres y mujeres".
13-02-2008
Fuente:
El Comercio
Otras noticias