La imagen ocupa más superficie que alguno de los tantos departamentos que hay en la Ciudad: mide siete metros de alto por nueve de ancho. Es decir: 63 metros cuadrados y aunque está en un lugar público es casi desconocida para propios y extraños que como diría la porteñísima Eladia Blázquez, cada día gastan en Buenos Aires las suelas, los miedos y el traje.
Fue concebida bajo el título Construcción de desagües y es otro de los importantes trabajos que el gran Benito Quinquela Martín (1890-1977) legó al patrimonio cultural de los argentinos.
Ubicada en un marco digno a su magnitud (el descanso de una monumental escalera del hall principal del edificio de Marcelo T. de Alvear 1840) fue pintada en 1937 aplicando óleo a pincel sobre diecisiete paneles de un aglomerado celulósico que luego fueron unidos sobre un soporte rígido.
En ese trabajo, el brillante artista que nació, vivió y murió en el barrio de La Boca, quiso rendir un homenaje a aquellos obreros, que con su esforzada tarea, construían los desagües de la Ciudad, una obra clave en la sanidad de cualquier lugar del mundo. Entonces, con su ojo acostumbrado a ver y reflejar con claridad el esfuerzo de los trabajadores, Quinquela Martín volvió a poner en imágenes algo tan valioso como es la cultura del trabajo.
Actualmente, el edificio pertenece al Poder Judicial de la Nación, donde funcionan distintos juzgados. Pero detrás tiene mucha historia. Destacándose en una de las ochavas del cruce de Marcelo Torcuato de Alvear con la avenida Callao, fue residencia de esa figura del radicalismo y ex presidente de la República entre 1922 y 1928. Dicen que aquella residencia monumental, acorde con la prosapia de su dueño, sirvió para albergar a grandes personalidades internacionales que fueron recibidas allí por Alvear y su esposa Regina Paccini, una artista que, entre otras obras, fue la promotora de la creación de la Casa del Teatro.
Después, el edificio pasó a Obras Sanitarias de la Nación que instaló allí sus oficinas centrales. Inclusive, el escudo ornamental de esa empresa puede verse aún en su fachada principal. La privatización, que se produjo en 1993, hizo que recién en 2006 aquella espectacular residencia volviera a quedar bajo la órbita pública. En ese momento, la obra de Quinquela Martín mostraba un deterioro alarmante, máxime tratándose de un bien único e irremplazable. Entonces, un acuerdo entre AySA (la empresa continuadora y heredera de Obras Sanitarias), el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y el Poder Judicial permitió la restauración.
Ahora Construcción de desagües, luce como lo hacía en sus mejores tiempos y está a disposición de la mirada de todos aquellos que tengan ganas de pararse al pie de esa gran escalera de mármol y deleitarse descubriendo cada detalle de los esfuerzos que muestra.
Será una manera de descubrir un eslabón más de las cosas de la Secretaría de Buenos Aires. Esas que están a la vista y que no solemos ver, como suele pasar con los murales que los artistas Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa, Lino Enea Spilimbergo y Manuel Colmeiro hicieron en la cúpula central de las Galerías Pacífico, en Florida y la avenida Córdoba. El tema de esos trabajos es El hombre y los elementos. Pero esa es otra historia.
Qué será del mustio olor a ser vivo
Qué será del reloj que siempre vuelve a su cuenta
Estas manos no son manos
Y el aire es una tregua entre la arena que cae
Un tiempo muerto antes del despertar
Una muralla de voces me mantiene en alerta
Voces que gritan y voces que callan
Alaridos que desgarran hasta las fauces de los leones
Silencios oscuros y pesados como hormigas
Si somos tierra que vuelve a la tierra
Para qué el tiempo muerto
Esta arena detenida entre tanta urgencia
Este aire vacío de tormento
Qué será del mustio olor a ser vivo
Este reloj vuelve a contar las horas como espadas
Como si no hubiera sangre en el cristal de esta celda
Como si nadie viera que el rojo hilo
llega hasta la arena
Una y otra vez