"Bienvenidos al Museo José Hernández", se lee en un cartel no muy grande a poco de atravesar la puerta de la casona de Av. Libertador. Ese cartel que recibe a los visitantes no es sólo un cartel, es una obra del artesano fileteador Alberto Pereira y una de las piezas de la colección permanente del museo. Y es, tal vez, ese primer detalle el que con claridad define el perfil del Museo de Arte Popular José Hernández, que acaba de celebrar sus 70 años.
"Esta casa tiene un especial interés por la promoción de las artesanías como patrimonio cultural y de los artesanos como creadores y actores activos de la cultura", puntualiza Ana Cousillas, directora del Museo, quien además afirma que este carácter le viene dado desde su fundación a fines de la década del 30.
Según explica Cousillas, fueron varios los factores que contribuyeron a la creación del Museo: el primero, la donación de la casa -un petit-hotel de dos cuerpos separados por un jardín arbolado- por parte del nativista Félix Bunge, sumado al empeño de la Asociación Folclórica Argentina, integrada entre otros por Cesáreo Bernaldo de Quirós y Ricardo Rojas, de crear un museo de artes populares. Luego, en una etapa posterior, se completaría con el trabajo de Carlos Abregú Virreira, quién consiguió formalizar la misión del museo en un decreto municipal.
Se estableció entonces que "El Museo de Motivos Populares Argentinos "José Hernández" -tal su nombre primitivo- tendría como fin principal el de "reunir, ordenar y exponer, sobre la base de su actual colección, las obras de arte indígena, arte popular de la Colonia, arte popular argentino y todos los motivos que arraiguen en los ambientes populares del país, seleccionados particularmente con criterio estético".
A partir de allí, se sentarían las bases de lo que actualmente es un espacio dinámico, el único en la Argentina, cuyos actores principales son los artesanos.
"Hubo una etapa en la que el museo adquirió un perfil fuertemente nativista y gauchesco y se abandonó la promoción artesanal", comenta Cousillas. Y fue recién en la década del 90 que "se empezó a trabajar específicamente en favor de los artesanos, incorporando no sólo a los tradicionales, sino también a los artesanos urbanos".
Hoy, el Museo centra sus actividades en la jerarquización de los artesanos como productores culturales, a través, entre otros, del programa PAR (Patrimonialización de Artesanías y Promoción de artesanos), desde el cual se llama a artesanos de la ciudad de Buenos Aires y del resto del país a exhibir sus trabajos en el museo. "La idea es ver a la artesanía desde una perspectiva que no es la habitual, es colocarla en una vitrina, en un museo, para darle valor al oficio", explica Mirta Bialogorski, coordinadora del área de investigación del Hernández.
Esa puesta en valor de la artesanía como producto cultural y patrimonial, dicen los responsables del Museo, es una demanda que se advierte entre los artesanos, en respuesta a la cual, el Hernández entiende que es necesario formar al público, "sensibilizarlo para que pueda apreciar una artesanía y diferenciarla de otro tipo de manifestación que se le asemeje, pero detrás de la cual no hay un verdadero oficio", dice Cousillas.
Esa es la premisa que guía el recorrido por las diferentes salas de exhibición, empezando por el salón de los maestros artesanos en el que se exponen rotativamente piezas de destacados creadores, obras de los siglos XIX y XX y también artesanías urbanas y contemporáneas. De allí que el visitante puede encontrarse frente a un antiguo retablo con la imagen de Santiago Apóstol, proveniente de Jujuy, cuyo autor se desconoce, o dar con modernos floreros de vidrio y cuero realizados por Patricia Kalaht, pasando por máscaras del carnaval correntino y piezas de cestería tradicional.
En el mismo cuerpo de la casa se encuentra la sala de muestras temporarias, en la "que se juega permanentemente con contrastes y se abre el diálogo, sobre todo, a los artesanos urbanos", explica María Eva Bernat, del área de investigaciones.
Siguiendo el recorrido, un paseo por el jardín coloca al visitante en la sala de plateros donde se encuentra una de las colecciones más valiosas de platería argentina, que actualmente exhibe, entre sus piezas, "El mate del Bicentenario", creado por el maestro orfebre Emilio Jorge Petarca en homenaje a la Revolución de Mayo.
A pocos pasos de allí esta la sala de artesanías textiles mapuches y la sala dedicada a Hermógenes Cayo, que reúne una colección de obras del artesano santero jujeño, adquirida por el Museo en 2002. Eso, a grandes rasgos. El desafío es asomarse al Hernández y explorar los secretos de más de diez mil artesanías que allí se resguardan.
Por: María Luján Picabea
Querré que me liberes de todas las batallas
De la del miedo, de la del amor
Y querré claudicar en todas ellas
Cuando la piel caiga como espinas
Un dragón lanza fuego por la boca
Agita el látigo que azota con la cola
Cubriré tu cuerpo con mi cuerpo
Hasta que esta paz sea sepulcro
Me librarás de todas las condenas
Dentro de mi cuerpo está tu cuerpo
Que nada sabe y a nada teme
La hoguera es la última derrota del hereje
Se incendia el hombre en otros hombres
Inútiles cenizas que la tierra olvida