Las Torres de Satélite: Íconos del arte urbano contemporáneo mexicano
Las Torres de Satélite, de Luis Barragán, Matías Goeritz y Jesús Reyes Ferreira, llegan al medio siglo como íconos del arte urbano contemporáneo mexicano.
Si va de sur a norte, sobre Periférico, antes de llegar al municipio Naucalpan de Juárez, el automovilista observará grandes torres de concreto que se elevan sobre el camino. Flanqueadas por los dos sentidos de la avenida, lucen majestuosas para al azoro del conductor que al avanzar notará los detalles de los cinco prismas triangulares de distintos colores y tamaños.
Después, muy probablemente, el chofer continúe su camino sin tener más referencias. Sin saber, por ejemplo, que este 2007 se cumplen 50 años de la planeación y construcción de las llamadas Torres de Satélite, o que su creador fue Luis Barragán, arquitecto fundamental en la historia de nuestro país.
Mucho menos sabrá que en este proyecto participaron también el escultor Mathías Goeritz y el pintor Jesús Reyes Ferreira y que, entre los tres, lograron una obra multidisciplinaria que iba en contra de la corriente del arte mexicano que entonces seguía embebido en discursos nacionalistas y anecdóticos.
En el inicio de la década de los 50, México, bajo el gobierno de Miguel Alemán, había comenzado a transformarse. Las calles polvorientas se habían hecho a un lado para dar paso a grandes construcciones y avenidas. Eran los tiempos de la modernidad a la que la naciente ciudad de México había entrado con el pie derecho.
Fue tanto el crecimiento de la ciudad que llegó hasta el Estado de México, dando origen a Ciudad Satélite —fraccionamiento ubicado en el municipio de Naucalpan de Juárez— que fue promovida por el Banco Internacional Hipotecario. Justamente en honor de este banco fue que se pensó en construir una escultura que diera la bienvenida a todo aquel que visitara la urbe que habían proyectado.
La tarea fue encomendada al arquitecto Luis Barragán, quien desde el principio tuvo la idea clara: construiría grandes torres, similares a las que había visto en San Gimignano —poblado italiano conocido por sus grandes columnas—, que lo habían dejado totalmente sorprendido.
Así, ideó un esquema con siete grandes torres, en la que la más alta alcanzaría una altura de 200 metros. Al final, por problemas con el presupuesto, se acordó que serían sólo cinco las torres construidas, siendo la más alta de 52 metros.
Respecto al color de las torres, Goeritz quería que se pintaran de diferentes tonos de naranja, no obstante se decidió que fueran cuatro colores diferentes: amarillo, rojo, azul y las dos restantes blancas. La construcción llevó apenas unos meses y los primeros días de marzo de 1958 fueron inauguradas.
Integtración plástica
Las Torres de Satélite —que serán propuestas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco— forman parte del movimiento artístico conocido como "Integración plástica" que consistía en integrar distintas disciplinas artísticas para un fin común.
La historiadora de arte Alejandrina Escudero escribe en el ensayo Mathías Goeritz y la poética de El Eco que el objetivo del movimiento era "crear un arte como en los grandes momentos de su historia".
"En un periodo caracterizado por la modernización industrial del país, dicho movimiento permitió a un grupo de artistas plásticos cuestionar el arte de su momento y transformarlo. La integración plástica permitiría el trabajo interdisciplinario, la armonía de la obra y un arte público adecuado a la modernidad".
Escudero destaca dos tendencias: la nacionalista y la abstracta. La primera sería una nueva fase de la pintura mexicana, mientras que la segunda, en la que se insertan las Torres de Satélite, se caracteriza por su rechazo al proyecto nacionalista, en la búsqueda de "una nueva universidad plástica". Un claro ejemplo es Ciudad Universitaria, la "primera gran obra integral".
Por: Juan Carlos Aguilar García
18-11-2007
Fuente:
La Crónica de Hoy
Otras noticias