Recuerden que un cuadro (antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda, o cualquier anécdota) es esencialmente una superficie plana cubierta de colores, aproximados en un cierto orden. La polémica, y no siempre bien valorada, definición de Maurice Denis (1870-1943) puede ser una entrada para ver las obras de Belén Aguirre.
La artista inaugurará el 10 de noviembre una exposición a las 20.30 en el Centro Cultural Rougés, en Laprida 31, con sus últimos trabajos (una decena de pinturas, un objeto y una instalación) reunidos bajo el nombre de Álbum. La muestra es curada por Marta Salina.
Lo primero que se puede observar en su obra es la planimetría: se trata de una pintura plana, que renuncia a la pretenciosa tridimensionalidad; a Aguirre le basta con insinuar las formas para definirlas; para ello traza sus contornos y sus siluetas, en lo que ha hecho ya como un estilo propio. "Los personajes no tienen rostros. Empecé con la idea de la identificación, que para ello no hacía falta un rostro, pero advertí que en mis obras algunos eran reconocidos por otros" cuenta la artista al explicar su obra. Y agrega: "este inacabado dentro de la obra me parece que hace ruido en el que las mira". Desde antaño (Leyes de Gestalt mediante), se sabe que lo no terminado, por ejemplo un círculo que no cierra provoca en nuestra percepción una reacción particular, el de cerrarlo pero cuando se tratan de rostros que no están definidos, y apenas silueteados, los hacemos presentes desde la ausencia, aunque imponiendo una distancia y hasta indiferencia ante tales personajes.
Más allá de la definición de Maurice Denis, en Álbum, Belén Aguirre cuenta que se tratan de escenas cotidianas, fiestas de cumpleaños, celebración de Navidad, rituales de entrecasa. Se verá, desde este lugar, el fuerte contenido intimista de esta obra, una de las tendencias más fuertes del arte contemporáneo, muy afincada en esta ciudad, desde comienzos de siglo. Belén recurre a la apropiación de fotos domésticas con la misión de construir arbitrariamente un álbum pictórico. Muestra escenas de la vida familiar ocultas en lo inacabado. La memoria de la realidad cotidiana se esconde en la inexpresión, la frialdad y el silencio sin rostro.
Escribe Pamela Desjardins en el texto del catálogo. La pintura puede entenderse entonces como una superficie con colores; eso, ya la hace arte más allá de temas y anécdotas.
Más información:
www.lillo.org.ar
Después de los vientos el fuego invisible
Restos de fósforos raspada la pared
Cubre el césped un rojo aserrín
Baldes de agua viva sin usar
Detrás de mis manos mis ojos necios
Creen en el color del tiempo marchito
Creen que el pétalo arrancado no hace a la flor
Así como la boca herida no hace al hombre
Ahora arde fuego en todas partes
Fuego en mi garganta y fuego en mis oídos
Este volcán acecha con azufre y con lava
Ya no espera que la roca se convierta en miel
Un último fósforo raspó la piedra
Y una débil llama se apagó antes de nacer
Luz fría de carbón y de invierno
Busco el jardín donde el fuego florece