Veintiocho años de trayectoria como artista visual en una orientación que logró de manera permanente un equilibrio entre concepto, depurada visualidad y un registro de alta densidad existencial; veintidós años de trayectoria en instalaciones escénicas y vestuario para espectáculos de danza contemporánea. Pasión por el cruce de fronteras entre disciplinas. Extensas estadías en Canadá y Bélgica, entre otros países, colaboraron para forjar una particular y no fácil lectura del mundo mediada por imágenes singulares. Es Carlos Gallardo, cuestionador, reflexivo, inconformista, gran trabajador, perfeccionista, permanente buscador de plenitudes.
Corren fines de noviembre y principios de diciembre de 2008, el artista ha trabajado intensamente y hay tres nuevas series fotográficas: Theatrum mundi, Vestigio, y (Destiempos). Están listas para ser colgadas en cualquiera de las mejores salas de exposición. Carlos invita a algunas personas de manera individual e íntima a visitar el taller y tener el privilegio de verlas por anticipado.
Poco después de mediados de diciembre, Carlos Gallardo ha abandonado su vida personal, los talleres, los teatros, las galerías, los museos, situados no sólo en el medio artístico de Buenos Aires, sino también en el de tantas otras ciudades, países, lugares del mundo, en los cuales dejará su huella indeleble. Emprendió otro vuelo.
La Fundación ArteBA en la 18°versión de su Feria de arte contemporáneo le rinde homenaje a Carlos Gallardo en esta exposición de obras inéditas con la curaduría de Jorge Mara. Esa última producción buscaba secretamente estar aquí. El deseo se cumple.
La serie elegida es (Destiempos). Allí aparece una vez más su obsesión por el tiempo y la memoria. Es por ello que habrá necesitado trabajar además con un arte -la danza- que incluye el desarrollo temporal. Las otras dos series paralelas en sus tomas del puerto de Amberes en blanco y negro exhiben una sensación metafísica de perennidad, (Destiempos) exterioriza la angustia por el paso del tiempo.
Gallardo era un buscador permanente, entre otros, de tantos objetos, a los cuales pretendía retenerles su memoria. Para la serie que nos ocupa construyó las escenas, tal como lo hacía en el teatro, pero en una escala diversa. Utilizó cajas de baquelita con los meses y días del año impresos, que tal como algunos sellos, había encontrado entre los restos del antiguo Correo central de Buenos Aires, además de engranajes de relojería. Incansablemente también había buscado a los protagonistas, pequeñísimos muñequitos de color en actitudes variadas y amables. Ellos contienen una condición paradójica de presencia y ausencia a la vez. Son muy concretos pero a la vez aparece lo genérico y anónimo de ellos mismos, y un signo temporal. Todos están señalados por la evidencia de días y meses. Es posible que las lentes macro utilizadas para las tomas hubiesen querido apresar la temporalidad de las escenas y detenerla.
Vida y obra se dieron cita en esta serie. Nunca es más oportuna que hoy la afirmación que Carlos Gallardo buscaba en la memoria colectiva -diseminada en paisajes y objetos- respuestas al sentido del tiempo.
Mercedes Casanegra
Lic. en Historia del Arte (UBA) y Miembro Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte
El acto homenaje será el domingo 24 de mayo a las 20 en el stand J89 de arteBA.
Venas sólidas raíces
Venas dolidas tallos huecos
Curso de río balsa del espanto
Hasta dónde deberá viajar la angustia
Sangre infectada con la ausencia
Aire viciado de abandono
No viertas aquí tus despojos
Deja al corazón ilusionarse
Miedo a gota y gota a miedo
Cada rama sin prisa busca el árbol
Árbol médula árbol alma
Tanto callar las bocas y el aliento
Tanto cántaro que va y tanta fuente que se rompe
Tanto miedo que se abriga
Tanto roto corazón