Por Melina Sullivan
La exhibición comenzó el pasado viernes 09 de octubre a las 18h en La Casa Encendida y está conformada por seis vitrinas y dos instalaciones situadas en el centro de la sala, Black&White Hemisphere y The One World. El hecho que la mayor parte de las obras se inserten en vitrinas, corresponde a que en la vida real a los maniquíes los vemos dentro de vidrieras, que se han convertido -según Hirschhorn- en "espacios públicos de la sociedad de consumo".
El autor ha querido referirse a sus figuras con el término global "The subjecters" porque una de sus obras llamadas "Subjecter", un sólo maniquí completamente perforado por clavos, fuera de las vitrinas, es "la representación fetiche de la figura humana".
Esta exposición será la primera vez en que todas las obras creadas por el artista, entre 2007 y 2009 de forma independiente, compartirán el mismo espacio.
Utilizando distintas disciplinas como la escultura, el video o la instalación, con materiales cotidianos como cinta adhesiva, cartón, hojas de plástico, fotocopias, o, en este caso maniquíes, Thomas representa una reflexión sobre la realidad contemporánea. Haciendo representaciones de lo universal combinando junto a los maniquíes revistas, libros e imágenes de cuerpos destrozados, que no tienen nada que ver con la representación de matanzas o de la muerte, sino con la autodestrucción, a la que estamos sometidos actualmente, liga su trabajo a la crítica social y política.
Como él mismo comenta, no es ninguna novedad, pues los artistas dadá y los surrealistas ya trabajaban con maniquíes en los años 20, y con su actitud pretendían cuestionar todas las convenciones respecto al arte, utilizando materiales inusuales, el caos contra el orden, y la mezcla de géneros y materias propias del collage.
La muestra podrá visitarse hasta el 5 de enero de 210 en La Casa Encendida, Ronda de Valencia, 2 28012 Madrid, en la Sala A con entrada libre.
De qué costado brotará el hambre
Del izquierdo que corrompe la memoria
Del inmóvil diestro y de su fe
De qué filo nacerá el dolor
De la certeza indomable del pasado
De la herrumbre de los bordes del presente
De qué agua beberá el sentenciado
De la inútil que el mar ostenta
De la dulce gota que la lluvia pudre
Con qué manto cubrirán sus huesos
Con el del ausente
O con el del olvido