El poder de la imagen y la palabra escrita
Hubo muchos que dejaron una huella indeleble en el corazón de varias generaciones. Hoy los dibujos reemplazan a los escritos. Los grandes murales ocupan lugares privilegiados y las nuevas tendencias ganan terreno.
Fueron uno de los estandartes de los que lucharon por un mundo mejor en el mayo de París de 1968. "La imaginación al poder" (L’ imagination au pouvoir, en el original) fue el lema que catapultó a miles de jóvenes a creer en una sociedad más justa, una juventud que no logró salir indemne de los coletazos del capitalismo neoliberal. Lo cierto es que los grafitis, en la actualidad, muestran un mayor despliegue de la imagen y una fuerte presencia del estilo hip hop, a través de grandes murales y de rúbricas de bandas de rock, donde también está implicada la ironía o la crítica social. Esbozos de un pasado que, lentamente, intenta volver a copar las calles del tan querido Buenos Aires.
"Hay muchos grafitis en la ciudad, y particularmente se nota la proliferación de un tipo de grafiti que antes no se veía tanto, como es el mural, en sus distintas variantes, sobre todo el hip hop", destaca Claudia Kozak, doctora en Letras e investigadora de la Universidad de Buenos Aires y de Entre Ríos.
Para quienes desconocen el estilo, la doctora se encargó de describir que la técnica hip hop es "un tipo de grafiti con desarrollo plástico, pictórico, de grandes dimensiones". En este sentido, Kozak destacó que "hay una tendencia a una audiovisualización de la cultura y es claro que desde los años 90 en adelante el grafiti en la Argentina empieza a tener un sesgo más ligado a la imagen que antes".
El poder de la palabra
El grafiti no es más que una pintada callejera. Pero tampoco es menos. La historia demostró que muchos de ellos lograron quedar sepultadas en la mente de varias generaciones por su poder intrínseco: la fuerza de la palabra escrita. Esta metamorfosis del lenguaje a la imagen (casi inevitable en el signo XXI) oculta el mensaje y lo transforma en subliminal, inherente al deseo del artista de llegar al destinatario. Pero los grafitis no tienen un receptor fijo: su verdadero objetivo es estar allí, en la calle, dispuestos a darse a conocer casi por obligación.
Al respecto, Kozak precisó que las inscripciones en las paredes "exhiben la tensión que hay en la sociedad", en aquellos momentos en que "pareciera que no pasa nada pero el grafiti exhibe la lucha ideológica, sea con símbolos políticos de distinto signo, sea con un grafiti hip hop".
En este sentido marca una diferencia entre el grafiti tradicional y la pintada política partidaria. El primero puede tener una connotación política, pero el referente no es reconocible. "Puede ser que haya menos actividad en la militancia", aventura Kozac al intentar descubrir por qué la política de los partidos se debate en otros ámbitos.
Pero no sólo la política se exhibe en las paredes ajenas. Declaraciones de amor, quejas existenciales y pruebas de que uno estuvo allí también ("Yo estuve acá", por ejemplo) también se entrelazan en el arte callejero. Y en ese submundo no podía (ni debía) faltar la música en general. Y el rock and roll en particular.
"Esto es muy particular, existe en otros países pero en Argentina se da de una manera muy extensiva en espacio y tiempo", afirmó la especialista en alusión a las inscripciones de bandas.
En ese sentido, Kozak recordó que "desde fines de los 80 hay grafitis de firmas o de bandas, una idea que comparten con el tag, que proviene del hip hop, y que se trata de una firma, que es el nombre de la banda de música que funciona a modo de logo del grupo".
Los ejemplos son vastos y la proliferación es tan avanzada que cuesta encontrar una pared huérfana de grafiti. Muchas veces las manos son agresoras de un muro, que ensucian con pintura creyendo imitar al arte. Pero muchas otras el arte se impone y se ve reflejado en la calle, tanto con una imagen como con una palabra.
Atribuyen la técnica y la implementación a épocas del Imperio Romano. Millones lo intentaron alguna vez. Muchas manos quisieron eternizar una palabra de amor, quizá pensando que el tiempo no transcurriría si una parte del sentimiento permanecía inmune a las vicisitudes de una relación amorosa. Pero el tiempo pasa, aunque el grafiti aún esté allí.
01-04-2008
Fuente:
Diario Hoy
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