Un libro va tras las huellas del futurismo en el Río de la Plata
La esquiva huella del futurismo en el Río de la Plata, de May Lorenzo Alcalá
"La esquiva huella del futurismo en el Río de la Plata", de May Lorenzo Alcalá, aborda los ecos de la vanguardia que proclamó los avances tecnológicos en detrimento de la tradición cultural.
A cien años de la aparición del Manifiesto Futurista, publicado por el poeta italiano Filippo Marinetti en 1909, la escritora May Lorenzo Alcalá aborda en su obra los ecos argentinos de esta vanguardia, que proclamó los avances tecnológicos en detrimento de la tradición cultural. "La propuesta básica del futurismo era destruir los museos, el pasado, pero los países americanos no tenían tradición que romper, sino todo lo contrario, más bien crearla”, dijo la autora.
A cien años de la aparición del Manifiesto Futurista, publicado por el poeta italiano Filippo Marinetti en 1909, acaba de aparecer el libro "La esquiva huella del futurismo en el Río de la Plata", de May Lorenzo Alcalá, que aborda los ecos de la vanguardia que proclamó los avances tecnológicos en detrimento de la tradición cultural.
"El futurismo se basa en la completa renovación de la sensibilidad humana, ocurrida como consecuencia de los grandes descubrimientos científicos", proclamaba Marinetti (1876-1944) en el texto aparecido el 20 de febrero de 1909 en Le Figaro de París, reproducido en el diario La Nación el 5 de abril del mismo año.
La obra (Patricia Rizzo Editora) constituye la primera investigación orgánica realizada sobre la influencia de esta vanguardia en la región e incluye una edición facsimilar de la revista Rovente Futurista, la única publicación de esa corriente aparecida en el Río de la Plata, en 1924, editada por el emigrado italiano Piero Illari.
"No existía ningún trabajo sobre la influencia del futurismo en el Río de la Plata, lo cual es sorprendente si se tiene en cuenta la influencia cultural italiana que hay, sobre todo, en la Argentina. No hemos encontrado un grupo futurista como hubo en otros países pero sí el intento de constituirlo a partir de Illari, aunque no lo consigue", explicó la autora a Télam.
"La propuesta básica del futurismo era destruir los museos, la tradición, el pasado, pero los países americanos, en particular los del Río de la Plata, no tenían tradición que romper sino todo lo contrario, más bien crearla, entonces van a aparecer artistas aislados que por diferentes razones y en períodos muy cortos acusan influencia del futurismo, lo que recoge el libro", apuntó.
Con reproducciones de pinturas, fotografías, tapas de libros y documentos, el volumen indaga en esta corriente vanguardista que, junto con el cubismo, terminó revolucionando todo el arte del siglo XX, a fuerza de exaltar la velocidad, la energía, la guerra, la máquina y los avances tecnológicos en general.
"El futurismo desea construir un hombre de acción, el hombre-máquina, violento en su empuje, aguerrido en la lucha, temerario e irreflexivo (...) el hombre tanque que marche a una velocidad de doscientos kilómetros, capaz de derribar el árbol de la ciencia si éste tiene raíces en el pasado, y el Partenón por viejo, por inútil, por antiestético", declaraba en 1923 el diplomático y crítico de arte Alberto Candioti, según cita el libro.
Candioti había escrito el prólogo de una exposición de Emilio Pettoruti, quien estuvo en Italia en pleno desarrollo del futurismo e incluso se trató con Marinetti, aunque nunca quiso adherir formalmente al movimiento, a pesar de que en su obra aparezca de vez en cuando esa huella.
El libro, entonces, establece hallazgos y desmentidos, como el caso de Oliverio Girondo, para quien algunos tratadistas toman como influencia del futurismo, a raíz de "Veinte poemas para ser leídos en el tranvía" pero en verdad es de los "falsos futuristas" -a juicio de la autora-, o "la casi desconocida figura de Juan Cruz Mateo, con una obra pictórica completamente futurista".
"Hay que decir que el futurismo como doctrina o movimiento estético fue una elaboración colectiva de todo el grupo que estaba alrededor de Marinetti -subrayó la autora-, aunque él se convierte de alguna manera en el vocero, porque era una figura escandalosa, una actitud que al futurismo le venía bien, porque tenía un gran publicitario, y mal porque mucha gente no lo tomaba en serio".
El compromiso con el fascismo que Marinetti asume en nombre del movimiento en la década del 20 desprestigia a los futuristas frente al resto del mundo no sólo en ese período, sino a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial.
"Los futuristas italianos, aun aquellos que no habían comulgado con esa adhesión, sufrieron persecuciones, y por esa asociación futurismo-fascismo, la propia Italia tiene un largo período donde se avergüenza del movimiento, como si toda la corriente estética estuviera contaminada por el fascismo cuando no es así, porque dio artistas muy importantes", resaltó Alcalá.
Para la autora, este movimiento que tuvo influencias en la plástica, la literatura y el cine en el mundo, hizo particular mella en la Argentina en el diseño gráfico: "Nuestros diseñadores todavía hoy usan algunas marcas del futurismo sin saberlo, porque han quedado incorporadas, e incluso las letras de muchas de las publicidades, fueron hechas bajo la consigna del futurismo".
Por Mercedes Ezquiaga
22-03-2009
Fuente:
Télam
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