La muestra exhibe a Borges realizando diversas actividades en más de veinte ciudades del mundo -visitando las pirámides de Egipto, viajando en globo, recorriendo las calles de Berlín-, a modo de álbum de viaje.
"Los viajes eran en general invitaciones que le hacían para ir a algún lugar y una vez allí, el fin de semana escapábamos a cualquier lado que estuviera cerca que él no conocía, y de ese modo nacen todas estas fotos, a veces enloquecidas y muy divertidas. La verdad que lo pasábamos, como dicen los españoles, bomba", dijo Kodama a Télam.
De la inauguración participaron, entre otros, el embajador argentino en Chile, Ginés González García, y la directora de Asuntos Culturales de la Cancillería, Gloria Bender, quien coordinó anoche una charla entre Kodama y el escritor Gonzalo Oyarzún, ante un auditorio repleto que escuchó con atención el recuerdo que Borges que conserva su viuda.
Borges y Kodama en Japón, realizando la ceremonia del té; juntos en un templo o sentados junto a un cerezo; imágenes tomadas en Creta, ubicado a los pies del Machu Picchu, junto a amigos en México y hasta en "la fiesta del coleo" en Venezuela son algunas de las tomas de esta muestra, basada en el libro "Atlas" que escribió en colaboración con Kodama.
"En el grato decurso de nuestra residencia en la Tierra, María Kodama y yo hemos recorrido y saboreado muchas regiones que sugirieron muchas fotografías y muchos textos", señala el prólogo del volumen, de donde se tomaron muchas de las citas de la exhibición que ya visitó parte del mundo.
"Era una persona con mucha curiosidad -recuerda Kodama-, algo que según él no debía extinguirse, algo que tienen los niños y que cuando llega a adulto pierde, entonces queda todo en una especie de terreno chato, esa era la maravilla de él, esa frescura que conservaba y transmitía", aseguró Kodama.
"La idea del Atlas -señaló la viuda durante la inauguración- es mostrar los diferentes lugares por donde Borges y yo hemos trabajado y paseado durante muchos años. Desde el año 65, que empezamos a viajar por todo el mundo. Aunque no están todos los lugares ni todas las fotos".
"Recuerdo cuando Borges me preguntó cuál había sido mi primer viaje y yo respondí 'a la Luna', entonces él, emocionadísimo, dijo Julio Verne y yo respondí que 'sí' y dijo que para él también y ahí supimos que teníamos la misma vocación nómada de viajar al infinito", contó Kodama.
En el recorrido no falta la querida Ginebra de Borges: "A diferencia de otras ciudades, Ginebra no es enfática. París no ignora que es París, la decorosa Londres sabe que es Londres, Ginebra casi no sabe que es Ginebra. Las grandes sombras de Calvino, de Rousseau, de Amiel y de Ferdinand Hodler están aquí, pero nadie las recuerda al viajero", escribió el escritor.
Madrid, Buenos Aires, Filadelfia, París, Roma, Estambul, Venecia, Ginebra, Creta, Izumo son algunas de las ciudades en las que el autor de "Ficciones" paseó, soñó y se sumergió en un culturas que colaboraron en la creación de su propio mundo, el de la literatura.
La exposición también muestra a Borges en el museo donde exhibían la cabeza de Nefertiti, en España, en un majestuoso hotel de París, y un banco de plaza, donde aparecen Kodama posando un laurel sobre la cabeza de su marido.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.