El mundo según Borges
El álbum de viajes del escritor se abre al público por primera vez.
"Antes de un viaje cerrábamos los ojos, juntas las manos, abríamos al azar el atlas y dejábamos que las yemas de nuestros dedos adivinaran lo imposible: la aspereza de las montañas, la tersura del mar, la mágica protección de las islas".
Así recuerda María Kodama sus últimos viajes con el que fue su marido, el escritor argentino Jorge Luis Borges, en el epílogo de Atlas. El ensayo, de 1985, ha dado lugar a una exposición homónima que se muestra en el complejo cultural El Águila de Madrid hasta el 23 de marzo, por primera vez fuera de Buenos Aires.
Borges se hace presente, como un turista cualquiera, a través de 130 fotos en las que aparece en el carnaval de Nueva Orleans; en Islandia, que le cautivaba por su lengua; en Japón, en un viaje trascendente por su afición absa haikus; en Madrid, en una habitación de hotel donde reposaba tras haberse quemado un pie... Imágenes en las que aparece, invariablemente, del brazo de María, compañera de viajes y ojos del escritor, que se quedó ciego por una enfermedad congénita.
Este álbum íntimo se acompaña de citas de Atlas que hacen más elocuentes las instantáneas. Así, bajo una foto de Borges entre las estanterías rebosantes de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires se lee: "Nunca sueño con el presente, sino con un Buenos Aires pretérito y con las galerías y claraboyas de la Biblioteca Nacional en la calle México. ¿Quiere todo esto decir que, más allá de mi voluntad y de mi conciencia, soy irreparablemente, incomprensiblemente porteño?".
El viaje acaba en Ginebra, la ciudad que eligió para morir, en 1986. A ella, dice, le debe la revelación del amor, la amistad, la humillación o la tentación del suicidio. Y remata: "En la memoria todo es grato, hasta la desventura".
Por Saray Marqués
07-02-2008
Fuente:
ADN
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