Como era de suponer, nuevamente Saramago está enfrentado con la iglesia católica, ¿o debemos decir: la iglesia católica está enfrentada con Saramago?
Luego de conocerse Caín, el último trabajo literario del destacado escritor José Saramago, sectores de la iglesia católica manifestaron sentirse ofendidos ante la peculiar interpretación de la Biblia hecha en Caín por el Nobel portugués y por las declaraciones realizadas por el escritor, quien manifestó que la Biblia es un "manual de malas costumbres sin el cual, probablemente, las personas serían mejores".
Saramago considera que el autor intelectual del asesinato de Abel en manos de Caín es Dios por haber permitido el odio entre los hermanos y lo califica como cruel, mala persona y vengativo.
La sociedad portuguesa no tardó en manifestar su descontento frente a los dichos del escritor y reaccionó convocando a manifestaciones públicas de rechazo al que se sumaron representantes de los sectores políticos y sociales de Portugal. El diputado Mario David le solicitó la renuncia a la nacionalidad alegando sentirse avergonzado por las expresiones del literato.
Por su parte, Saramago dijo que "a las insolencias reaccionarias de la Iglesia católica hay que responder con la insolencia responsable de la inteligencia" y que "no se debe permitir que la verdad sea ofendida todos los días por los presumibles representantes de Dios en la tierra, a quienes en realidad sólo les interesa el poder".
Lo cierto es que, más allá de estas cuestiones, la obra de Saramago moviliza, conduce al pensamiento, a la reevaluación, exige. Felizmente, el lector elegirá sus dioses y sus demonios.
S.G.
Recuerdo que al nacer no era memoria
Sólo el último vagón de un tren sin frenos
Una partida desde el olvido hacia el abismo
Un mar helado de incertezas
Nací del agua líquida
Antes glaciar y antes lluvia
Antes de antes río
Antes de río antes de ayer
Apenas un día ha pasado y ha futuro
Ahora recuerdo este recuerdo
Ahora comprendo que nací
Mis ojos no han de abrir sus párpados
Por mi boca se escapan cada una de mis lágrimas
No quieren recordar ningún destierro