Con un festejo austero, Sábato cumplió 96 años
Con música clásica, una película y el beso de los nietos, Ernesto Sábato festejó el domingo pasado sus 96 años, en una jornada austera.
El chocolate con pastelitos, con el que habitualmente el escritor celebra su cumpleaños, fue pospuesto para dentro de unos días. "Lo haremos en cuanto Ernesto se recomponga", dijo a La Nación Elvira González Fraga, quien contó que Sábato está saliendo de la recaída de una bronquitis muy severa.
A diferencia de otros años, las puertas de su casa en Santos Lugares no estuvieron abiertas para los escritores, actores, artistas y funcionarios que acostumbran visitarlo en esta fecha. Sin embargo, el teléfono sonó toda la jornada, como siempre.
A media tarde de ayer, la lista de llamadas, junto a la mesita del teléfono, en el living, ocupaba varias hojas. Allí figuraban los nombres del escritor portugués José Saramago y su esposa, Pilar del Río, y del ministro de Educación, Daniel Filmus. También lo llamaron desde París Miguel Angel Estrella y François Banier y muchos amigos españoles, como Fanny Rubio y representantes del gobierno de España. Los familiares suponían que el mensaje de salutación que el presidente Kirchner suele enviar a Sábato llegaría a última hora.
Más allá de su trayectoria literaria, se trata de un referente intelectual con proyección mundial, condecorado por gobiernos de todo el mundo. Presidió, además, la Comisión Nacional por la Desaparición de las Personas (Conadep), que a partir de 1984 investigó las denuncias de crímenes y torturas durante la última dictadura militar.
Las 96 velitas
El escritor y ensayista no pudo atender las llamadas porque tenía algunas líneas de fiebre y el médico le había indicado reposo.
Sólo se levantó unos minutos durante la tarde para soplar las velitas, en una mesa ubicada junto a la cama. Lo hizo rodeado de sus nietos Marina, Luciana, Mercedes y Juan Esteban; de sus bisnietos Juana e Ignacio, y de los hijos de González Fraga, Magdalena y Alejandra Musich. Su nieta Isabel lo había visitado en horas de la mañana.
El clima festivo no tuvo expresiones grandilocuentes, pero impregnó cada momento de la fría jornada de ayer.
Cerca del mediodía, Sabato y González Fraga volvieron a ver Bleu , la película del cineasta polaco Krzysztof Kieslowski, y luego escucharon música clásica.
"Es un fuerte", dijo asombrada Elvira, y recordó que en mayo del año pasado el escritor había sufrido un infarto y que en diciembre había sido internado por problemas intestinales.
Según González Fraga, hasta la bronquitis que se manifestó hace unos veinte días, el autor de Sobre héroes y tumbas transitaba días de gozo y otros de melancolía en los que rehusaba recibir visitas.
"Sobrelleva los dolores con la dignidad que todos le conocemos", dijo la señora Elvira, y contó que Sábato mantiene su gusto por la música y las películas italianas, y que en algunos momentos quiere pintar y goza con sólo abrir el acrílico.
En los días en los que se siente bien, el escritor sigue recibiendo a grupos de jóvenes a los que alienta en la búsqueda de la verdad y la custodia de la memoria.
Por Silvina Premat
29-06-2007
Fuente:
La Nación
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