En un departamento se guardan escritos de Kafka
Franz Kafka
Los documentos pueden perderse en una vivienda de Israel. El Estado judío busca su recuperación, Alemania está dispuesta a pagar.
Esta es una historia sobre Franz Kafka y los nazis, suciedad de gatos y sionismo. El relato comienza en el lecho de muerte del autor, se traslada de Praga a Israel y termina en la rugosa puerta de madera de un departamento de Tel Aviv.
Ahí una enamorada de los gatos de nombre Esther Hoffe acumuló una cantidad de papeles, borradores y pertenencias personales del escritor durante casi 40 años, frustrando a archivistas y académicos por igual.
Cuando Hoffe, la ex secretaria del albacea de Kafka, murió el año pasado a los 101 años, se abrió la posibilidad de que los seguidores de su obra finalmente pudieran acceder a la intimidad del autor de "Metamorfosis", quien murió de tuberculosis en 1924. Pero ello no ocurrió.
Sus hijas Ruth y Hava Hoffe, ahora de más de 70 años, se resisten a los pedidos de los archivistas alemanes e israelíes de entregar los restos de su legado, junto con un cúmulo de papeles del amigo y albacea de Kafka, y también escritor, Max Brod.
Los israelíes están apelando al honor nacional; los alemanes están preparados para pagar en efectivo. "Las hijas tienen que decidir cuál es el mejor lugar para los documentos", dijo Ulrich von Buelow, director del departamento de manuscritos del Deutsches Literaturarchiv, con sede en Marbach, Alemania.
El archivo alemán ya posee el manuscrito de "El proceso" de Kafka, que Esther Hoffe vendió en una subasta de Sotheby's realizada en Londres en 1988 por USD1,98 millones. "Un intermediario sondeó a Von Buelow sobre la posibilidad de adquirir otros documentos", dijo el archivista.
El Estado de Israel, por su parte, ha exhortado a las hermanas a entregar los documentos -o por lo menos copia de los mismos- a la Biblioteca Nacional y Universitaria Judía, de Jerusalén.
Los documentos -o algunos de ellos- terminaron en una maleta que Brod se llevó cuando huyó de Praga en momentos en que hacía su entrada el Ejército de Adolf Hitler. Cuando Brod murió, en 1968, dejó los documentos a Esther Hoffe, quien rechazó los pedidos de los académicos que estudiaban a Kafka y se aventuró de tiempo en tiempo a vender algunos textos.
En la década de 1980 fue arrestada en el aeropuerto Internacional Ben Gurion bajo sospecha de que sacaba del país documentación importante de contrabando, según el archivista del Estado, Yehoshua Freundlich.
Las hermanas Hoffe nunca explicaron por qué acapararon los documentos. El profesor Gelber dijo que sospechaba que sus motivos eran pecuniarios, recordando sus propios esfuerzos en los ochenta para persuadir a Esther Hoffe de entregar el paquete a los archivos nacionales.
Solo las hermanas saben qué documentos siguen en poder de ellas o incluso si son legibles tras haber sido confinados a un departamento húmedo. El departamento de planta baja de Hoffe solo alberga a los gatos en estos días. Su hija Hava va diariamente a alimentar a los felinos cuyos maullidos llenan el corredor. Ella nunca da entrevistas y evita a la prensa.
La herencia
Los académicos de Kafka esperan que los documentos puedan cubrir las brechas que hay en el conocimiento fragmentario de la vida del escritor, hijo de un judío asimilado que escribió sus visionarias ficciones en alemán.
Las enciclopedias describen a Kafka como alienado de su herencia judía. No obstante, estudió hebreo y tuvo un interés genuino en el yiddish.
El último deseo de Kafka fue que se quemaran sus papeles. Max Brod los guardó.
02-10-2008
Fuente:
El Comercio
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