La Feria del Libro de Frankfurt 2010, considerada la segunda más grande del sector tras la de Chicago, con un poco más de 60 años reuniendo a la cultura del mercado editorial del mundo desde la década de los 50, volverá a repetirse en octubre y tendrá el año próximo a Argentina como invitada de honor. El reconocimiento instaurado desde 1988, que este año tiene como protagonista a China, ya incorporó hasta el momento 45 obras para ser traducidas en 15 países y 12 idiomas.
La presidenta del Comité Organizador, Magdalena Faillace, resaltó que "la idea es poner sobre el tapete los libros que revolucionaron nuestra literatura y relacionarlos con la historia del país, con los distintos momentos que forjaron nuestra identidad".
Entre los grandes de nuestras letras estarán presentes Jorge L. Borges, Juan Gelman, Juan José Saer, Rodolfo Walsh, Rodolfo Fogwill, Alfonsina Storni y tantos otros con sus obras traducidas al japonés, al malayo, al hebreo, al francés, al alemán, al inglés y a una variedad de idiomas que permitirá que un público extranjero pueda leer "El Aleph", de Jorge L. Borges, en ucraniano y "El enigma de París", de Pablo de Santis, en búlgaro.
A la festividad cultural, que permitió que varios agentes literarios hayan vendido 200 títulos argentinos a partir de que la Argentina se convirtió en invitada de honor, se suma el diseño de un logotipo y lema capaces de funcionar como identificadores. Sobre este punto, Faillace subrayó el recibimiento de propuestas que finalmente se redujeron a una preselección de las definitivas: "De un total de 193 presentaciones quedaron 3 propuestas", aseguró. Aclaró, por otra parte, que el logo constituye "la epifanía del país" y que regirá no sólo en el pabellón de Argentina sino en todas las exposiciones, coloquios, ciclos de cine, teatro y otras manifestaciones culturales por parte de nuestro país, llevadas a cabo en suelo alemán.
El diseño del Pabellón también es una materia pendiente; próximamente se llamará a concurso para dicho espacio que cuenta con 2500 metros cuadrados de superficie.
Más allá del papel, Faillace remarcó el pedido de Alemania "para incluir una exposición de diseño de objetos argentinos, además de una muestra de platería ya en marcha", lo que indica un interés porque se reflejen distintos valores dispuestos a establecer una mirada más amplia, más enriquecida.
Con la intención de exhibir un país mediante su arte literario, también se tuvieron en cuenta contenidos que giren en torno a la memoria y que puedan impartir nociones más ajustadas. La selección estuvo enfocada hacia temas iniciativos como la inmigración o temas ineludibles como los desaparecidos durante la dictadura militar.
Se trata, en definitiva, de transportar 200 años del idioma argentino y de emplazar una identidad en las manos y en la avidez de un público que pudo haber visto nuestra historia por fuera o que se la contaron (nunca es lo mismo) y que ahora puede abordarla mediante nuestros talentos.
Por Valeria Sabbag
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.