"Irrumpe como un grito el silencio y es preciso aquietarse. Dejar a los sentidos libres, soltarlos, soltarlos cada vez un poco más para que como una gran mano recorra los olores calientes de la brisa a mediodía.
La profunda oquedad del silencio llega a perturbar a la vista, la vista lleva a ahondar aún más en el silencio. Eso ocurre cuando uno trepa la montaña. Trepar es una palabra, egoísta y errada, no es cuestión de trepar, sino de caminar y en zigzag, a ese andar se lo llama quenkear. El respetuoso ascenso debe comenzar a la madrugada. Es el horario recomendado, ya que el sol de mediodía devastará con su inclemencia toda piel expuesta. El pecho se agita con la subida. El sol quiere calentar, pero los vientos matinales refrescan de continuo, más de lo esperado, las mejillas. En medio del quenkear no podría precisarse si hace frío o calor. La atención va puesta en la luminosidad del aire. Y una sospecha permanece en el territorio como herida, se desgarra en el lejano, solemne, imperturbable vacío de ese mundo siempre desconocido, sólo quebrado por el propio ritmo de la respiración, agitada por andar, por quenkear. Es el grito que destempla, como una fisura, intempestivo. Y al segundo, responde otro, con un timbre tan distinto, suturando el breve aviso. Como azotes que azuzan y desconciertan del letargo de mirar, las señales aparentemente aisladas del diálogo entre aves de la misma especie, gritos desoladores y contestatarios, denuncian la presencia humana. Los lugareños que saben, informan que ellos, así, avisan que hay extraños en su territorio".
El martes 8 de marzo, día de cierre del carnaval, la actividad estará a cargo de Las Warmis Cantoras, trío de mujeres que interpretan y difunden el antiguo y vigente canto con caja de nuestro noroeste.
Museo de Arte Popular José Hernández
Av. del Libertador 2373
Buenos Aires, Argentina
Cayó un ángel
Tan minúsculo
Tan alado
Tan cruel
Descalzo erró el pedestal celeste
Qué duda habrá cobrado tal venganza
En qué rojo laberinto se habrá perdido su mirada
¿No habrá oído a su lira vibrar?
Ahora yace de espaldas en la tierra
Abiertos los brazos
Las alas inútiles
Cayó cóncavo entre la cúpula y el campanario
Golpeó contra el bronce que atormenta
Fueron tres martillazos secos
La oración comenzó
Si parece uno más que implora al cielo
Ese cielo sin perfiles
Tan frontal
Tan delgado