Poética del trazo
Dibujos de Rubén Sassano
El arte nos reduce a la nada. Ocurre por el poder de los íconos e imágenes, e incluso por la acción de lo intangible e inmaterial. Lo visible y lo invisible, en su estado de forma artística, nos conducen hacia un repliegue íntimo, casi místico. Se trata de un regreso a lo imperceptible y al algoritmo, a la metáfora de la metáfora y a la nada, a la mismidad en estado primario.
De ninguna manera lo artístico implica un viaje al vacío. Antes bien constituye una vuelta sobre la vuelta y un giro en torno al eje; casi un salto sobre lo existente para luego introducirse bien adentro en lo real, hacia la materia que late por más muerta que esté.
Rubén Sassano, a través de los trabajos que presenta en esta oportunidad, conversa con el salto, la nada y el algoritmo. En su propuesta hay giros, atmósferas, ejes y metáforas. En sus lienzos y papeles pervive una antigua devoción por los fluidos invisibles que tanto dicen sobre lo imponderable. Sus blancos y negros, que amalgaman temperatura y sencillez, indican una sensibilidad libre de artificio: es simple en su forma, por más complejo que se asuma el contenido. Y esta simpleza conlleva persistencia en el trazo, como si el acto de dibujar no fuera otra cosa que insistir en el gesto. La gestualidad, entonces, con su poética que infiere lo genuino, conjura la muestra entera y la caracteriza por completo (amén que toda caracterización, o acto de definir, roza la ciencia antes que el arte).
Pero hay más. En estas obras, que fueron hechas por alguien que también graba y pinta, subyace la alquimia y potestad de la gráfica. La sinopsis es patente, los campos tienden a estar definidos y el ojo percibe con claridad la totalidad de lo expresado. Casi no hay lugar para la incertidumbre o las dudas. Cada cosa está en su sitio y no en otro, como si no pudiera inventarse otra forma más que ésa. No se trata de mecánica, siquiera de planificación previa. Es otra cuestión: lo presente es una serie de climas precisos donde se invocan las estructuras, el tiempo y lo rioplatense.
Pero no obstante, en cada giro, cifra o variedad de grises, se intuye un canto antiguo y perenne, casi no escrutado por la mente binaria: la ausencia total, la nada. De ahí el anonadamiento que estos dibujos producen. Nos invitan a beber un jugo cuya fórmula carece de origen. Es el elixir del trazo y su poética abisal.
Miguel Ángel Rodríguez
Museo Provincial de Artes (Santa Rosa, La Pampa)
Villegas y 9 de Julio
Tel.: 427-332
sc_arteslapampa@cpenet.com.ar
Te odio
Oh dios te odio
por negarte imperfecto
por haberte endiosado
o dios no sabe que los odios
los odiados
no son dioses
ni adioses
ni son dos en un adiós
crucificados
Te odio
Oh dios te odio
en dosis de adioses ausentes
odio tus sábanas de noche
tus halos de olas despobladas
tus holas olvidados
tu alado sol desolado
tu nunca siempre
tu yo a mí
tu solo dios
tan solo dios
Te odio
Oh dios te odio
por único y salvarte
por la herida y no herirte
por concebirte dios
por concebirme dos
un solo dios
acaso dos
ocaso dios
adiós
a dios