Y cuando no te quiera, será de nuevo el caos
por Matías Piñeiro
Una compleja pieza sobre la textualidad que encierra parte del universo amoroso de William Shakespeare
Sinopsis
Porcia, Bassanio, Olivia, Viola, Helena, Hermia, Puck, Oberón, Demetrio, Lisandro, el Rey, Birón, Dumaine, Longueville, Silvio, Febe, Orlando y Rosalinda: todos juntos y enamorados en un solo acto de comedia por cuatro actrices haciendo Shakespeare.
"De cinco comedias de William Shakespeare tomé un acto y de cada acto una escena. Reuní estas cinco escenas en una nueva unidad que concentra la circulación del amor, el gusto por el exceso y el placer del texto en un espacio despojado y en un tiempo comprimido. A cada actriz le corresponde un movimiento diferente con respecto al amor: una es la que ama; la otra la que es amada; la tercera la que no es amada y la última la que duda amar. Circuito breve pero intenso que tiende a la armonía. ¡A disfrutar!"
Matías Piñeiro
Actores: Elisa Carricajo, Agustina Muñoz, Laura Paredes y Gabi Saidón.
Iluminación: Matías Sendón.
Producción: Matías Piñeiro, Martín Morgenfeld
Escenografía y Vestuario: María Laxague Viñuela
Asistencia: Martín Morgenfeld
Dramaturgia y Dirección: Matías Piñeiro
Matías Piñeiro nació en Buenos Aires en 1982. Estudió en la Universidad del cine, donde actualmente es docente. En 2006, formó parte de la película colectiva "A propósito de Buenos Aires" y en 2007 escribió y dirigió su ópera prima "El hombre robado" (2007). En 2009 terminó su segundo largometraje "Todos mienten". En 2010 integró la onceava edición del Jeon Ju Digital Project con su mediometraje "Rosalinda", primer episodio de una serie alrededor de los personajes femeninos de las comedias de William Shakespeare. Actualmente desarrolla el segundo episodio de su serie "Las Shakesperianas": "Viola y Olivia".
Funciones: Jueves a las 21.30hs.
Marzo: Jueves 10, 17 y 31.
Abril: Jueves 7, 14 y 28.
Mayo: Jueves 5, 12, 19 y 26.
Centro Cultural Ricardo Rojas
Corrientes 2038
Ciudad de Buenos Aires
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.