Pinturas
DE OTRA MANERA
Si en este momento reflexionar sobre el arte implica la aproximación a una "estética de las complejidades", cuanto puede aumentarlas el hecho de referirse a un creador legitimado en otra área de acción.
Justo Solsona, dentro de la inconmensurable pluralidad de los propios yoes, de la que habla Tabucchi, además de ser arquitecto (muy conocido) y escritor (poco conocido) nos aparece ahora como pintor y hacedor de objetos.
Hace diez anos que por ese medio registra la realidad, pensada, imaginada, sentida, intuida, de su universo personal. Realidad vivida a la que se asoma no para exhibir lo íntimo sino para encontrar los rastros de su peculiar momento histórico - espacial y temporal - a través de fragmentos de memoria con los cuales intenta articular una posible lectura de su identidad. Esta inquisición -autoinquisición- le sirve para plantearse preguntas. "Toda escritura es infinitamente interpretable, es huella de un olvido irrecuperable por otra parte, imposible de borrar. Esto nos habla de la falta de garantías con que habitamos el lenguaje, el discurso, la escritura, la experiencia estética en general", escribe Claudia Laudano.
Y para Solsona habitar el lenguaje de la pintura consiste en un fluir visceral y comprometido de la imagen, en la energía de las texturas y asperezas de su elaboración pictórica, en la utilización de heterogéneos materiales, en exceder el caballete y desembocar en el objeto, en las fantasmagorías creadas por el subrayado emocional.
Prologando la "Autobiografía" de Solsona, Jorge Francisco Liernur ha dicho que para hacer lo que el hace se necesita una mezcla de desparpajo y valentía. Esto se registra tanto por lo que en el campo de la arquitectura fueron sus afirmaciones mayores y originales como por "mostrarse" en sus pinturas y en sus textos.
Mostrarse con riesgo y coraje, dar jirones de si mismo. Mostrarse de otra manera "No somos uno, somos muchos", otra vez Tabucchi y Pessoa.
¿A cual de los Solsonas presentamos hoy? Al que se permite la espontaneidad y la necesita para indagarse mejor. Al que piensa que "lo que va a empezar no sirve" y eso le da mas libertad. Al que busca "que pase algo mas que lo que surge directamente de la pintura", como en sus primeras obras en acrílico a las cuales sumergía en agua para provocar al azar. Al que pinta en el suelo, como un piano "barriendo" literalmente la pintura. Al que le gusta la densidad de la materia y la desprolijidad, desprolijidad de algo inconcluso, siempre por recomenzar. Al que se presenta de frente no soslayándose a través de un relate No cabe duda que entre Solsona arquitecto y artista se producen constantes contaminaciones y permeabilidades, que su testimonio es el del integrante de una generación que tuvo que deslizarse por los intersticios del infortunio político y presenciar la caída de los grandes relates de que hablara Lyotard.
No cabe duda tampoco que la memoria del pasado en el no implica una nostalgia sino una vigorosa afirmación del presente.
Por eso, en su manera de dar cuenta de su realidad, la vida desborda el piano arquitectónico, como en uno de sus cuentos y pictórico para adueñarse de los objetos y de las puertas como soporte, "algo que se puede perforar y tiene una geometría básica". Porque nada permanece siendo lo que es. La patria de la infancia, como su bandera pierde los limites en el viento y habla de pobreza, muerte, injusticia, tristeza gris, de las sombras de la historia vivida. 0 como en la escarapela, se vuelve un juego iconográfico, revirtiendo el sentido de los estereotipos simbólicos.
El artista subraya la ficcionalidad, la perdida de la ingenuidad y agrega el texto porque la palabra es en todos los aspectos de su creación una necesidad y un reconocimiento de comunicación y cultura.
Porque a Solsona "le duele" la Argentina, profundamente, como a Unamuno "le duele" España.
Tal vez el punto álgido de esa situación es "El alma" donde la trágica fragilidad del individuo mortal -el "homo homini lupus" - no da margen a la ironía.
Los clavos, siempre dentro del propósito de acrecentar las posibilidades táctiles de la pantalla plástica tienen una función ambivalente: tanto son usados para determinar espaciales y lacerantes perforaciones como para potenciar la expresividad de "Boca" donde se alude a su condición de arquitecto y a los mitos de masa con aguda ironía.
Ironía que lo acompaña y se multiplica al hacer una puerta "mondrianesca" (hubo una alacena del mismo tenor expuesta por Enrique Llambías en 1997 con intención diversa) y hacerla objeto de un cruce de juegos de lenguaje.
La puerta es desfuncionalizada, sale de lo utilitario para entrar en la libertad y fantasía de una propuesta estética. Recordando la otra de Duchamp "No es cierto que una puerta deba estar necesariamente abierta o cerrada" la puerta de Solsona se afirma negándose; ni la mano ni la manija abren, pero si lo hacen los compartimentos que devuelven el rostro al espectador a través de un espejo o muestran dramáticas caras. La figura emblemática de la Utopía racionalista y su grupo son revertidos y descontextualizados con humor.
No menor carga de humor llevan los collages de las tres carabelas, figuraciones del imaginario histórico escolar. Otras de sus constantes iconográficas son el agua y los barcos. El primer cuento que escribió fue la batalla naval de "El patio", elocuente testimonio de los laberínticos recorridos de la agresividad infantil.
Los barquitos de papel con sus rígidas banderitas se deslizan apresuradamente hacia la alcantarilla, los monumentales edificios (¿ciudades?) son arrasados por las aguas como en el inimaginado naufragio del "Titanic". La idea del naufragio connota la conciencia de la precariedad, de realidades, vanguardias y Utopías perdidas.
Hay una utilización de la cita como forma de mostrar los deslizamientos del significado, de plantear cuestionamientos, de configurar algo diferente, respondiendo a su convicción "debe haber algo más".
Y esa mirada en posición interrogativa no tiene en esta exposición una cronología que la vertebre, esta construida con resonancias, con fragmentos de una trama que atisbamos como relámpagos de significados que no terminan de desocultarse ¿Estrategia de ocultamiento de Solsona o conciencia de las imposibilidades de los lenguajes?
La reflexión implícita, pero poéticamente no explicitada de estas obras no obedece a una motivación ideológica sino profundamente humanística.
En un mundo donde se habla prioritariamente en términos de poder, Solsona nos muestra que lo estético puede proponer otra perspectiva y nos habla también de la plenitud y la voluptuosidad de estar vivo, de la pasión por la presencia física de las cosas. La imaginación puede dispararse como un cometa y el se engancha para sobrevolar este Buenos Aires que aprendió a amar y ayudo a construir.
Nelly Perazzo
Presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes
Texto catálogo Exposición Ruth Benzacar, del 7 de abril al 8 de mayo de 1999
Idea y realización Néstor Otero
Horarios
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.
Tarifas
Entrada general $ 10,00.-
Entradas estudiantes y jubilados $ 7,00.-
Centro Cultural Borges
Viamonte esq. San Martín
Buenos Aires
Argentina
Tel:0054-11-5555-5359
email: info@ccborges.org.ar