Plástica
Muestra Colectiva. Blanco
Del 10-01-2008 hasta el 10-01-2008
10:00:00
Blanco absoluto, blanco roto, blanco y negro, con toques de color…
El blanco es lo opuesto a la ceguera. Pensar el blanco, no por oposición al color, sino como una diferencia positiva, singular, productiva, eficaz. El blanco puede ser omnipresente, ausente o estridente en la cosmovisión de los artistas. En esta muestra, como en un espejo ciego, que refleja lo que profundamente han sido siempre nuestros ojos, se abren nuevos paradigmas. En ellos, media el blanco, una forma de esclarecimiento, una manera de ver, de ser visto, de tomar conciencia, de iluminar. Estas obras no hacen otra cosa que reducir, someter y alienar el capital hegemónico del ojo y de la luz, son silenciosas y, al mismo tiempo, muy locuaces porque están llenas de discursos virtuales. Lo que está en juego es, antes que nada, una aventura de la visión.
Artistas participantes:
Alejandro Dron
Alejandro Tosso
Ana Lizaso
Andres Sobrino
Andres Waissman
Blas Castagna
Bruno Dubner
Carlos Herrera
Carmelo Arden Quin
Chino Soria
Cristina Schiavi
Eduardo Stupia
Elba Bairon
Hernan Salamanco
Irene Banchero
Juan Andrés Videla
Karina Peisajovich
Katinka Pilscheur
Leonel Luna
Lux Lindner
Maria Luisa Mac Kay
Marina Sábato
Martín Di Paola
Pablo Lozano
Pompi Gutnisky
Rafael Gonzalez Moreno
Rob Verf
Tulio De Sagastizabal
Verónica Di Toro
Vivi Zargon
Blanco Color
"-Violaine! Qu'est-ce que cela veut dire? Ses yeux étaient noirs, et mainenant ils sont devenus bleus comme les tiens" ("L'annonce faite Marie" Paul Claudel)
Es poco serio arriesgar una historia de la percepción humana.
Podríamos sin embargo decir que tenemos, sí, registro de experiencias que nos habilitan interpretativamente, pistas, datos asociados. Pero el asunto de imaginar cómo era que se vivía, por ejemplo, un color en una determinada época de la historia, es algo imposible de recapturar. Hoy día las peleas en relación a cuanto hay de conocimiento en las operaciones que implican lo perceptivo están en alza. Aventuremos el ejercicio aún a partir de la imposibilidad que le reconocemos.
Entonces el blanco.
En la adjetivación habitual del universo “texto de catálogo de arte”, el significante “blanco” juega con ventajas sólo equiparables al significante “negro”. Probablemente el hecho de ser puntas nítidamente antagónicas en el espectro representativo de la luz hace fácil colgar toda clase de carteles en cada uno de los equipos. Los acromáticos son fáciles de situar. Tanto como día y noche, vida y muerte, bien y mal.
Lo negro y lo blanco vienen de hecho juntos en la inscripción afirmativa “Negro” y en la inscripción afirmativa “Blanco”. Aún cuando se los proponga de manera independiente se implican mutuamente.
Extraordinariamente el blanco es generoso y extiende sus límites semánticos. Los acromáticos no son idénticos en su funcionamiento polucionado. Hay más blancos que negros. Amarillentos, rosados, fríos, porosos de talco, plásticos húmedos, en fin infinitos. También hay más de un negro, sí, es cierto, concedido, pero convengamos en que se hace más difícil escudriñar sus peculiaridades. El blanco se muestra, se abre a la navegación interpretativa.
Y este plural que abraza tanta diferencia es el objeto de la muestra. Este estado de natural entendimiento en relación a lo que el acromático despierta es ahora la materia convocante. Una exhibición de artistas de los serios, de excelentes artistas maravillas. Sin que nada más justifique la partida que el valor de luz homenajeado: el blanco. Las obras elegidas tienen, todas, una íntima justificación de su presencia, cada una establece su relación particular con la blanquitud que le pedimos. Se despiertan diversidad de ideas alrededor de lo blanco. Porque probablemente el blanco finalmente pueda actuar como color y el hábito haga al monje.
Eludiendo la significación obligada buscamos ocasión de interceptar las pequeñas ideas personales que lo blanco despierte en cada ocasión. La actividad del blanco. Entendida como un ejercicio generativo. Blancos pequeños y blancos imperiales, blancos de cada uno de los colores, blancos contrastados con cada uno de los colores. El objeto es el blanco, liberado de sus prestigios y expectativas habituales. Ni pura y radiante va la novia, ni el blanco frío del minimalismo racionalista. Blancos desprolijos, afirmados, renegados. Elogio de su capacidad inclusiva, el blanco no hace grises tan rápido como el negro. El blanco sigue siendo blanco aunque las industrias de la pureza quieran negarle la condición. Están invitados los blancos que conviven fácilmente, los que se hacen los filosóficos, los que se llevan bien con arquitectos, los blancos de decoradores y los sórdidos hospitalarios.
No es una muestra minimal, no es un fondo sobre el que proyectar, no es una hoja de papel, no es una sábana. Es el blanco jugando su posibilidad expansiva, como si se le pudiera acercar un micrófono a su rumor cromático.
Hicimos una muestra fresca, un capricho de verano, por el puro placer de acercar obras a la maravilla que sólo ellas saben orquestar. Una ocasión. Como sería feliz que fueran más a menudo las exhibiciones de arte.
Sin demasiadas explicaciones, una ronda. Las obras conviven exclusivamente tocándose en un punto: la clave cromática luminosa. La tensión de aparición del blanco. Y la canción que todos bailan como prefieren dice que “bajo la lupa amorosa, si prestamos atención, señoras y señores, el blanco es también color”. (Canción infantil “de lo Diminuto Invisible”)
Florencia Braga Menéndez
Curadoras Florencia Braga Menéndez / Gachi Prieto
Viamonte esquina San Martín
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.
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