Formado con los discos de tango y folclore argentino que le proveía su padre, el guitarrista inglés compartirá escenario con colegas y amigos de la ciudad, como María Soledad Legaspi, Pepe Ferrer, Víctor Rodríguez, Marcelo Coronel, entre otros.
Lunes 29 a las 20 en Túnel 4. Gratis.
El guitarrista británico David Caswell se formó en el tango y folclore argentino con los discos de Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui, Carlos Gardel y Cacho Tirao que su padre, un marinero inglés y guitarrista aficionado, le llevaba cuando los barcos en que viajaba se detenían en Buenos Aires.
Caswell, que había comenzado a entrenarse en la guitarra a través de su padre, ingresó más tarde al Royal College of Music de Londres, donde realizó sus estudios académicos. Desde principios de los 90 visita Argentina, donde tomó contacto con muchos de quienes fueron de algún modo sus maestros y, también, con músicos locales que intensificaron el conocimiento sobre la interpretación de los ritmos y géneros vernáculos.
Declarado admirador de Tirao, Caswell desarrolló con el guitarrista una amistad entrañable, organizó conciertos en su beneficio cuando su salud le impidió tocar, y financió y coordinó la edición del disco Amigos de Cacho.
El lunes 29 Caswell estará en el Túnel 4 en un recital que celebrará la guitarra y la amistad y compartirá el escenario con colegas y amigos de la ciudad: Quique Gule, María Soledad Legaspi, Pepe Ferrer, Víctor Rodríguez, Mario Yaniquini, Mariano Fontana, Arturo Zeballos y Marcelo Coronel.
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.