Anabella Papa - Soledad Rithner - Morgan Ztardust
P O R O S
superficie(s) de género(s) y deseo(s)
Entraron unas mujeres bellísimas, sin cuello ni cabeza, con deslumbrantes trajes que parecían antiguos y modernos. Faldas muy amplias, cintura justa y el busto acaso velado. Iban descalzas con uñas bermejas, y tampoco tenían manos. Los colores de las faldas eran desde el luminoso amarillo, al verde áureo, al brillante como de sol y con franjas rojas.
Mi tío Enrique tenía trece años y clamó: -¡Yo ya puedo casarme!
Enlazó a una y se pusieron de baile. Y luego gritó: -¡Me dijo sí!
(¿Cómo? ¿Si no tenía boca?) Y fueron bailando hasta el patio, y al jardín y al bosquecillo, a la umbría, al rincón, donde siempre ocurrieron las cosas.
Pero nos dimos cuenta de que había una mujer que, en vez de ninguno, tenía tres cuellos y sus respectivas cabezas. Y todo era muy bello.
Sólo una era así. Y mi tío Ernesto, de catorce años, viéndola clamó: -¡Yo ya puedo casarme!
Y la enlazó y se pusieron de baile y la besaba en las tres bocas. Decía: -¡Es terrible! ¡Esto es gracioso! ¡Es tres!
Y salieron al patio y se fueron al bosque, al rinconcito donde se hacían las cosas.
Marosa di Giorgio
Curaduría: Alejandro Taliano
• Soledad Rithner es cortesía de Cortina Abierta.