IV CICLO IBEROAMERICANO DE OPERA CONTEMPORÁNEA: Estreno de "SUYAI...LA ESPERANZA TAMBIEN ES UN CANTO"
19 y 20 de septiembre a las 20
Centro Nacional de la Música (México 564. C.A.B.A)
Entrada gratuita
El Ministerio de Cultura de la Nación presenta, en el marco del IV Ciclo Iberoamericano de Opera Contemporánea, el estreno de la obra "SUYAI...La esperanza también es un canto" del reconocido compositor chileno Eduardo Cáceres sobre libreto de la escritora peruana Maritza Nuñez.
Esta obra, bajo la dirección musical de Valeria Martinelli, y con laparticipación especial de los bailarines Koki y Pajarìn Saavedra, se presentará los días 19 y 20 de septiembre a las 20 en la Sala Carlos Guastavino del Centro Nacional de la Música (México 564), con entrada gratuita.
Protagonizada por los cantantes Tamara Odón (contralto), Carlos Ullán (tenor) y Nelson Ayoub (bajo), cuenta además con regie a cargo de Lizzie Waisse. El elenco se completa con siete instrumentistas, diseño escenográfìco y vestuario de Stella Maris Müller y diseño de iluminación de Ernesto Bechara
La puesta estará apoyada por proyecciones en video de fragmentos del documental "La Batalla de Chile" de Patricio Guzmán y obras del reconocido artista plástico Carlos Alonso.
Sinopsis
María se prepara para ir a la marcha del 4 de septiembre de 1973. Para ella los años de la Unidad Popular han sido los más felices de su vida y quiere celebrarlo. Para Juan, su hermano, éstos solo representan el caos. Ninguno de los dos imagina que una semana después, el país se verá sacudido por un golpe militar, que Allende morirá, y que María al dar a luz a Suyai, la entregará a una Machi. Con su sabiduría ancestral, la Machi protegerá a la niña de la represión que se desata. Suyai, nombre mapuche, simboliza la esperanza.
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.