Retratos para una identidad es un proyecto expositivo compuesto por dos exhibiciones complementarias: La segunda muestra será presentada durante la primavera 2014 en el Museo Pueyrredón de San Isidro.
La exhibición Retratos para una identidad. Fernando García del Molino 1813-1899 es el resultado de la labor conjunta entre los museos Fernández Blanco y Pueyrredón, entidades de la Ciudad de Buenos Aires y del Municipio de San Isidro que comparten intereses temáticos y concepciones museológicas y cuya sintonía profesional ha sido el motor de fructíferos proyectos culturales.
Participan de esta empresa: Museo Histórico Nacional, Museo Nacional de Bellas Artes, Complejo Museográfico "Enrique Udaondo" de la Provincia de Buenos Aires, Museo Histórico Provincial de Santa Fe, Museo Histórico Provincial "Julio Marc", Museo Histórico de la Ciudad "Cornelio Saavedra", Museo Sívori, Museo Franciscano de Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, Centro Naval, entre otras instituciones y colecciones privadas.
Revisar la obra del pintor Fernando García del Molino era necesario no sólo para difundir el patrimonio del autor existente en colecciones públicas y privadas sino para volver a pensar acerca de la identidad del artista, la de sus modelos y la de su época. Recuperar el clima en el que estos retratos fueron realizados significó bucear entre los datos duros de una historiografía que lo juzgó más por sus simpatías políticas que por su obra como pintor retratista y adentrarse en ese corpus desmesurado de uno de los pintores más prolíficos de la historia del arte de los argentinos. Quizás por deberle el registro más completo de la elite de mediados del siglo XIX se lo tildó como el "pintor de la Federación" y, en parte, es una realidad indiscutible. Sin embargo, su vasta producción fue el reflejo fiel de la avidez de este artista por formarse con todos los recursos disponibles, el resultado de la urgencia en la demanda de sus comitentes y la consecuencia del momento fundacional en que su obra fue generada.
Al seleccionar estas pinturas, estudiarlas y restaurarlas se pudo ver más allá de la capa superficial, redescubriendo el arte y el oficio de García del Molino. Pero en esa "lectura" profunda, también afloraron sus modelos, sus prácticas sociales y compromisos políticos, sus relaciones humanas y sus pequeñas grandes historias que permitieron comprender algo más sobre sobre esa primera etapa de un país en formación. Dotar de voz a estos testigos mudos, sin importar cuan conocidos o anónimos fueran, en cierta medida, fue liberarlos a ellos y a su intérprete del prejuicio y valorarlos en su justa medida como protagonistas de un tiempo de inflexión donde los cambios cobraron mayor velocidad, el Estado se organizaba, los gustos de la clase acomodada se sofisticaban y algunos artistas caían en el olvido y otros estaban listos a ocupar ese lugar.
El Museo Fernández Blanco y el Museo Pueyrredón junto a Instituciones culturales de diversas jurisdicciones del país han encontrado en este proyecto la posibilidad de coordinar sus esfuerzos para la restauración y mejor conservación de este acervo visual. Esta sinergia común pone en valor su accionar en pos de la protección del patrimonio artístico e histórico argentino.
Fernando García del Molino nació en Chile en 1813.
En 1822 se trasladó con su familia a Buenos Aires.
Estudió en la Escuela de Dibujo de la Universidad en la que fue condiscípulo de Carlos Morel.
Fue pintor, dibujante y litógrafo. Se dedicó al género del retrato, caracterizándose por su buena captación de los rostros y los contrastes de colores. Trabajó la miniatura y las telas de gran tamaño. Sus primeras miniaturas las realizó junto con Morel, de quien era socio. Desde joven se dedicó a la docencia.
Los años del gobierno de Juan Manuel de Rosas (1829-1852) coincidieron con los de su mayor producción. Con frecuencia visitaba la casa del "restaurador" en los parques de Palermo, convirtiéndose en una suerte de pintor oficial. De esta manera, dejó un interesante testimonio de esa época en los retratos del propio Rosas, de su familia y de personajes de su círculo.
Después de la caída de Rosas (1852) continuó trabajando.
García del Molino murió en Buenos Aires en 1899.
Es uno de los artistas más interesantes del arte argentino. En sus obras trató de reproducir el carácter de los modelos, sin importarle destacar sus fealdades o la rudeza de las expresiones. Manejó con habilidad el color, la forma y la armonía en la distribución de los planos.
Ahora duerme como un niño sobre el pecho
Tanto roble, tanto alcohol
Sabio como el río y su aire lento
Esa piel que el sueño mece
Quién podrá con tanto vértigo
Qué madera talló el cauce
Todo es borde en este abismo
Todo es último en diciembre
Cae la piedra en el último desvelo
Y todo vuelve a empezar