Con la presencia del director, Eduardo Calcagno
Viernes 29 de abril / 19 HS
Nacido en 1941, Eduardo Calcagno comenzó su carrera en el cine nacional durante la década del sesenta, ejerciendo primero la crítica y el periodismo de espectáculos. Se acercó a la dirección cinematográfica hacia finales de aquellos años, trabajando junto a Leonardo Favio en diversas producciones. Si bien durante los años setenta ya había recibido diversos aplausos por sus proyectos en la pantalla grande, el ciclo más elogiado de su filmografía se inicia con Los enemigos, un drama policial protagonizado por Ulises Dumont y con guión de Alan Pauls.
Estrenada en agosto de 1983, meses antes del retorno de la democracia, este thriller se centra en la vida de un hombre tímido a cargo de la empresa funeraria familiar, que vive con una madre obsesionada por la vida íntima de una joven pareja de vecinos. La paranoia de la madre se acentúa a medida que avanza la narración, llevando a ambos a una espiral creciente de frenesí y locura. A través de este relato sombrío, en el que la muerte se expresa tanto en sentido literal como figurado, Calcagno construye una crónica acerca de la violencia cotidiana que se vivía en tiempos de dictadura: en este caso, el trato cercano que ciertos sectores de la sociedad argentina tenía con los militares y en el uso que hicieron de esos vínculos para hostigar impunemente a quienes consideraban sus enemigos.
Apta para mayores de 18 años
Dirección: Eduardo Calcagno / Guión: Eduardo Calcagno, Alan Pauls / Fotografía: Roberto Mateo, Alfredo Suárez / Dirección de arte: Abel Facello, Nora Renán / Montaje: Juan Carlos Macías / Música: Luis María Serra / Intérpretes: Ulises Dumont, Nelly Prono, Mirta Busnelli, Esther Goris, Fernanda Mistral, José Soriano, Miguel Ángel Solá, Juan Carlos Allende, Max Berliner, Patricia Etcheverry, Margara Alonso, Juan Leyrado, Antonio Ugo, Sergio Renán, Fernando Fabre, Paulino Andrada / Productora: Eduardo Calcagno Cine S.R.L.
El pincel del pintor sobre la tela
La lengua filosa entre los dientes
La cuerda tensa que no vibra
La madera cruda que el cincel no toca
Los dedos voraces que la boca muerde
La mano cóncava donde la moneda cae
Los ojos grises que el frío no cierra
La noche indomable que no llega
Es un instante entre todos los instantes
Un soplo de vida
Un segundo entre todos los segundos
Se desploma otra gota de arena y todo precipita
Hacia el final imprevisto
Hacia el olvido insensible