Con la producción artística de Mariana Baraj, la cantautora Milagros Torrecilla se asoma a la escena discográfica con una propuesta que ofrece matices que van desde los cantos crudos y populares del NOA, pasando por la calidez de los chamamés del Litoral, hasta llegar - al decir de Tejada Gómez- "la cintura cósmica del sur" con un clásico de Venezuela ("Tonada de luna llena"), otro de Chile ("La jardinera") y otro de Perú ("El tamalito").
Desde su natal Los Toldos (Provincia de Buenos Aires) Milagros aprendió a abrigarse con nuestras costumbres y ser una intérprete de esas vivencias, incorporando horas de estudio con la guitarra, la percusión y la voz. Una artista que investiga los climas y ahonda en el paisaje para crear fusiones musicales donde el canto, como su pelo, es rizado y variado, pero a la vez sensible, confiado y esperanzado como el corazón de nuestros pueblos.
Presenta "Milagros" Juan Pablo Alvarez, aerófonos / Lucas Nikotian, acordeón / Mariana Baraj, percusión y voz / Músicos estables: Leo Gutierrez guitarra y voces / Milagros Torrecilla charango, cuatro, percusión y voz.
1- Puentecito de la picada (Jorge Méndez)
2- La jardinera (Violeta Parra)
3- He de seguir (Leo Gutierrez)
4- Doña Ubenza (Chacho Echenique)
5- Duendes (Milagros Torrecilla)
6- La Ollera (J.E. Dávalos y Jaime Dávalos)
7- Lazos (Milagros Torrecilla y Leo Gutierrez)
8- Dueño no tengo (Recop. L. Valladares)
9- El Tamalito (Andrés Soto)
10- Tonada de luna llena (Simón Díaz)
El revés de las manos sobre el agua
Entre las palmas una luna enorme
Todo es noche y todo es día
Día en los pies, sobre la arena
Noche en la oscura sombra de este nombre
Hay un hombre que horada en otro hombre
Otro hombre vacío de sed
Vacío de justicia
Un hombre aguarda la sentencia
Ajeno a los días
A las noches sin vino
A una mujer que espera
Será su nombre en aquel hombre
El que detenga la mano incorregible
El que derrame el agua que no absuelve
El que convierta en sangre lo que toca
—Toda falsedad mueve montañas —dijo Pilato
Y con fe hundió sus manos en el agua
Con esa fe que otro dios gobierna