Autor: Carlos Gorostiza
Versión libre del grupo de teatro FaltaUno.
Producción: LugarOtro Estudio Teatral
Asistente de producción: Diego Ismael Morales
Asistente de dirección: Lucrecia Peralta
Dirección: Romina Oslé (Premio Trinidad Guevara 2013, como revelación femenina por su actuación en la obra VAGO, todavía en cartel)
A más de seis décadas de su estreno y con el aval del dramaturgo argentino que hoy tiene 93 años, la obra que marcó un punto de inflexión en el teatro latinoamericano, vuelve a la escena para poner en manifiesto los sentimientos de dos clases sociales diferentes, en una versión trasladada a fines del siglo XX.
"Después de explorar el material en cuestión nos dimos cuenta que lo que emergía fuerte era la explotación, los vínculos entre pares y los que están de la otra vereda, y eso lo tomamos porque como actores sociales nos interesaba", contó en charla con Télam la directora y actriz Romina Oslé.
La puesta, que se caracteriza por su dinamismo y su tono realista, marca el debut de FaltaUno, elenco que nació a principios de este año como resultado de la carrera de Formación Actoral propuesta por el Estudio Teatral LugarOtro, también dirigido por Oslé.
Con ritmo vertiginoso y el foco puesto en la acción, la obra juega con el recurso de la multiplicidad de voces -hay 10 actores en escena, siete de los cuales son debutantes-, ya que en muchos pasajes "hablan todos como si fueran uno", destacó Oslé.
La construcción de un puente como alegoría, muestra una utopía de unión entre esas clases, que sin embargo se termina derrumbando.
La trama se despliega en dos escenarios: la casa de una familia acomodada y la vereda. En cada lugar sus integrantes esperan la llegada de dos personas que trabajan en la construcción de un puente y que desde la noche anterior no regresaron.
"Tratamos de profundizar la metáfora de incomunicación a partir de uso de 10 teléfonos que remiten a un época determinada, la de finales de los 80 y principio de los 90 -indicó la directora-. Hoy probablemente se hubiesen enterado mucho más rápido del accidente".
"Hay escenas, sobre todo las del principio, que son bastante cercanas a las que propone Gorostiza y las usamos más que nada para construir una base que le permita entrar al espectador y después empieza el absurdo", explicó Oslé, graduada en el Instituto Universitario Nacional de Arte (Iuna).
"A partir de la mitad de la obra y hasta el final, empiezan a estar todos los actores presentes en la mayoría de las escenas, como una manera de metaforizar el pueblo; es que son muchos los que viven en esa condición de desigualdad", añadió.
La experiencia de Romina Oslé como docente comenzó hace más de diez años y, dentro del ámbito de la educación no formal, se interesó particularmente en la formación de actores.
Integran el elenco Vanina Berto, Mailen Dástoli, Agustina Downes, Alan Frías, Mariano García, Ana Iglesias, Aldo Pérez, Mariana Pirrotta, Bárbara Riveros, Mónica Yarza y Andrea Alderete.
Oslé destacó el trabajo que se gestó a partir de la improvisación y a partir de una obra que elegimos entre todos: "Le ponemos el cuerpo, 'El puente' nos sensibilizó desde el primer momento y eso nos permite levantar la bandera de lo que hacemos con toda convicción".
TELAM
La obra se presenta desde el 14 de setiembre hasta el 14 de diciembre, todos los domingos a las 19:00 hs en Espacio Urbano (Acevedo 460, Villa Crespo).
Entrada $70,
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.