Segunda temporada
Reestreno: 1 de noviembre
Viernes 21 hs. Teatro Taller del Ángel (Mario Bravo 1239)
Obra de la dramaturga uruguaya Estela Golovchenko, que retrata la vida de dos adolescentes en un entorno de pobreza y carencias, olvidados por la sociedad.
Entre los temas más relevantes de la pieza, se encuentran la marginación social, la pobreza, el vivir a partir de los recuerdos, y de las distintas formas de afrontar las crisis cíclicas representativas de los países latinoamericanos. Luego de su estreno en marzo de este año, y una gira por distintos teatros en Gran Buenos Aires, vuelve esta propuesta que cuenta con la actuación de Mirén Ayesa y Facundo Zalazar, y dirección de Leandro Montgomery.
Sinopsis:
Michino y Renata son dos hermanos, abandonados por su madre y unidos en una relación de amor y mutua dependencia. Ellos exploran en los viejos mitos locales y en las nostalgias del pasado, confundiendo fantasía con recuerdos, en una aventura que tiene como centro y pretexto el robo de una vaca. A pesar del entorno marginal en el que crecen, encuentran en el mismo lugar donde esconden a la vaca, un refugio que los protege de la realidad exterior a través de un mundo de juego y fantasía.
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Funciones:
Día y horario: Viernes 21 hs.
Teatro: Taller del Ángel (Mario Bravo 1239, CABA)
Entradas: $300 Compra y reserva de entradas: Alternativa teatral
Ficha Técnica:
Dramaturga: Estela Golovchenko.
Elenco: Mirén Ayesa y Facundo Zalazar.
Diseño y realización de vestuario: Bárbara Lloves Millán.
Diseño y realización de escenografía: Sabrina Fernández. Prensa: Martin Dichiera para ALFAprensa
Asistencia de dirección: Bárbara Lloves Millán.
Dirección general: Leandro Montgomery. Duración: 55 minutos. Redes sociales: Instagram: @vacasgordaslaobra / Facebook: Vacas Gordas La Obra
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.