Pintura
Mi relación con la mitología urbana arranca desde hace más de diez años. Parte de viajes que he realizado en diferentes geografías mentales y reales, sin excluir la visión local sobre la ciudad de Buenos Aires, ayudada por la indicación y marcación realizada por Jorge Luis Borges- en sus relatos sobre la ciudad de la que desentrañó múltiples urdimbres y arcanos subyacentes a la mirada desprevenida.
Desde mi punto de observación la ciudad presenta casi una gran mancha pictórica circundada por líneas visibles e invisibles que registran parcelas intersubjetivas de esta percepción urbana. En un comienzo voy a ocuparme de la presentificación de la imagen como anuncio de la aparición de lo urbano. Para que esta situación se torne conclusiva es menester continuar el itinerario de la presentación de fragmentos dispersos de la imagen del paisaje ciudadano, tanto diurnamente como en su nocturnidad.
En el tiempo de hoy la representación ha ocupado múltiples pantallas y ha sido redescubierta por el ojo de nuevos receptores, que no sólo transitan la escena del arte, sino que la acompañan por los medios de la información y la comunicación. Entonces, el apresamiento de las imágenes sucede en pantallas reales y virtuales y también en la atmósfera de los sueños.
Para terminar quiero aclarar que en la descripción nos volvemos a encontrar con la posibilidad de lo visual puro, más allá de proclamar la nitidez del ámbito de la visualidad, donde lo caótico es ordenado y estructurado según pautas de la conducta artística, momento en el cual el desorden da paso a la claridad y la coherencia: las imágenes son el medio de que se dota el ser humano para conocer la realidad que solamente puede ser conocida en lo que tiene de visible. De este modo, visualmente en esta situación mi búsqueda coincide con el carácter dinámico, activo de la imagen artística y me permite continuar desarrollando su itinerario no finito.
Mercedes Esteves
Curadora invitada: Pelusa Borthwick