Jacques Bedel. Aproximaciones presenta en el Museo Nacional de Bellas Artes, cuarenta obras recientes en la producción del artista. A través de ellas, Bedel exploró renovadas posibilidades expresivas de un género tradicional como es el paisaje. Escultor, pintor, diseñador y arquitecto, durante sus más de cuarenta años de trayectoria, representó a la Argentina en bienales internacionales y obtuvo numerosos premios nacionales e internacionales.
Aproximaciones exhibe el paisaje que vemos y aquel que nuestro ojo cultivado reconoce bajo la lente del microscopio. Una bacteria, el mar o el cosmos, son imágenes que surgen de explotar las cualidades del plástico, un material transparente, etéreo, que podemos atravesar con la mirada o reflejarnos en él. El eterno juego de las luces y las sombras: las luces que develan, los brillos que enceguecen, las sombras que confunden.
Bedel enfrenta al sujeto con la magnitud de la naturaleza, buscando producir un éxtasis emocional, un estado de suspensión del espíritu, que lo haga tomar conciencia de su propia pequeñez. No obstante, la representación del espacio natural nos integra, nos hace evocar nuestras propias imágenes. En sintonía con la sensibilidad romántica, sus paisajes confrontan el tiempo eterno de la naturaleza con la finitud de la existencia humana.
Esta exhibición está acompañada por un libro que aporta un rico marco conceptual a la obra.
Curadora de la exposición: María José Herrera
Pabellón de exposiciones temporarias
Museo Nacional de Bellas Artes
Av. Del Libertador 1473
De martes a viernes de 12.30 a 20.30
Sábados y domingos de 9.30 a 20.30
Entrada libre y gratuita
Niño que juegas
No quieras saber más de lo que sabes
Basta que seas abrigo para unas manos que se agitan
Y que de miedo tiemblan
No preguntes qué pócima he bebido
En qué cárcel me han vaciado el cuerpo
Mi condena es tu condena
La de Cronos, la de Kairós, la de Aión
Nada más sabio que el refugio donde habitas
Donde la inocencia es puro olvido
Donde todo insiste en perdurar
No mires esta piel que se deshoja
Y ríe sin temores
Que el tiempo se detiene