Un hombre solo, perdido en sus sentimientos más profundos, descubre una puerta cerrada.
Sus esfuerzos por abrirla son absurdos y ridículos. Cuando logra atravesarla comienza el viaje a lo desconocido. Los mundos distintos que se presentan en ambos lados de la puerta: pequeñas situaciones y recuerdos incoherentes de su vida; sus confusiones entre el adentro y el afuera; el pasado y el futuro; lo colmado y el vacío, lo sólido y lo frágil, lo real y lo sobrenatural, lo llevan a un viaje cómico, lleno de anhelo, y por último, a descubrir su propia humanidad y la incertidumbre de lo que vendrá.
Azar por el que cruzan todos los destinos
Vano refugio de los desamparados
Famélico pozo de agua donde la sed no muere
Dios de los condenados
Llegas como lluvia y huyes como rayo
Ardor que jamás quema
La ilusión fatal llama a tu puerta
Un dedo oculta el dado marcado
Sobre esta calle han llovido ilusiones
Absurdos espejismos con forma de granizo
Utopías al aire que giran la moneda
Sólo queda una huella de barro en el baldío
La cara del fracaso boca arriba
La cruz como condena boca abajo