Siempre es difícil hablar sobre uno mismo; para esta ocasión recurro parafraseando a García Marquez: Vivir para poder pintarlo. Mi obra no es más que un reflejo de mi profesión paralela a la pintura, la de médico; primero clínico, después psiquiatra. Las vivencias se fueron acumulando, ya que creo no se pueden separar una de la otra, dejando muchas improntas las que puedo plasmar en las telas. Jorge López Anaya, Albino Diéguez Videla, junto con otros críticos han coincidido en que mis personajes, están "pintados con crudeza y sin maquillaje".
Continúan escribiendo: "la experiencia en el ejercicio psicoanalítico y expresionista lo lleva a una síntesis con trazos empastados, para dar volumen a las situaciones dramáticas con pinceladas de ejecución rápida, con impulsos vitales y expresivos pero sin gestos agresivos.
En general es una respuesta individual y subjetiva frente a un mundo que lo pinta de manera grotesca y de absurda apariencia". Muchos pintan para vivir, yo pinto lo que veo, me gusta e impacta, son experiencias a las que a través de mucho tiempo puedo agradecer y así expresar: Vivir para poder pintarlo ( no es una frase que me suene melancólica, como Todo tiempo pasado fue mejor).
Quiero expresar mi gratitud a mis maestros Manili, Dávila. Y a Jorge Melo, quien además de enseñarme pintura sin ninguna mezquindad ni egoísmo, me enseñó a disfrutar con la pintura, reforzando mi ética en el arte brindándome, además, una amistad que hasta hoy perdura.
Un reconocimiento a Marta Susana quien me acompaña y estimula con su cariño dándome fuerza y empuje en una tarea tan difícil como ésta.
Ricardo Vivanco