En la presentación para la prensa, Diego Arnedo destacó el valor simbólico del molino de viento que se ve en la tapa de "Amapola del 66", el sucesor de "Vengo del placard de otro" que Divididos tardó ocho años en que salga a la luz por fin se podrá disfrutar hoy (de paso, un símbolo menos metafórico: en la portada están él y Mollo, pero falta el baterista Catriel Ciavarella). Sin embargo, contrariamente a lo que todos pensamos, no habló de quimeras quijotescas sino del agua que extraen esos molinos: "Que les caiga bien y les refresque", deseó, y dejó entrever que la verdadera razón de este larguísimo parate no parece haber sido una lucha contra la sequía creativa sino más bien una acumulación obsesiva de líquido vital que ahora, en forma de álbum, se encargan de echarnos encima como si nos bañaran con una catarata entera.
Eso es Amapola: Un disco donde siguen manteniendo su espiritu, donde siempre se escucha su potencia, pensado como el ejercicio más explícito de la tracción a sangre, aun cuando los arreglos sean los más cuidados que el grupo haya dispuesto alguna vez. Lo cual decepcionará a los que suponían que la espera vendría sucedida de cambios radicales, pero dejará más que contentos a los que, no quieran escuchar otra cosa más que a los mejores Divididos.
La entrada es gratuita y será presentado el 27 de marzo en la ciudad de Tilcara.
A ese escaso reloj que gotea
Sombra que te sombra
De un lado la espalda, el cielo
El otro abismal, de frente
A esa historia sin piel ahora recuerdo
Sangra que te sangra
La boca ciega, los ojos
Los labios rojos
Los labios rotos
Los ojos rojos
A esa carne sin uña que comida
Suda que te suda
El agua bendita, mentira
Las manos mentira
Las piernas benditas
A ese pecho desnudo que gotea
Siembra que te siembra
Rapaces las alas
se inmolan
Se mueren en celo
de celo
A ese invierno silencio que golpea
Luna que te luna
Cada día de los días
Por las horas de las horas
Solo que te solo
Tejiéndote.