Exposición:
DIFICILES ERAN LAS DE ANTES / FIGURITAS ARGENTINAS 1920 - 1990
13 marzo - 1 de junio 2014
COLECCIÓN: Rafael Bitrán.
CURADURIA: Oscar Smoje.
¿Quién en su infancia no tuvo en sus manos figuritas de cartón? Antes de la era digital, seguramente muchos. Algunos hacían del acopio de miniaturas una actividad asocial, completamente individualista: coleccionaban con celo fetichista para llenar un álbum pulcro que quizá luego sería mostrado de manera privada a unos pocos. Para muchos otros, en cambio, las figuritas permitían sociabilizar entre pares: mientras jugábamos a la tapadita, a la volteada, al espejito o al chupi hablábamos sobre la escuela, nuestras familias y amistades. Además, según la colección de imágenes, las figuritas nos enseñaban sobre insectos, plantas, equipos de fúbol.
Por supuesto, el objetivo final de todos era completar el álbum. Pero no era nada fácil: los fabricantes de figuritas lanzaban a la venta unas pocas imágenes que, por la dificultad de conseguirlas fácilmente, los pibes llamábamos "la difícil". Cuando teníamos una difícil nos llovían ofertas como "te la cambio por 500", "vos me la das y te regalo dos álbumes casi completos".
Jugar a las figus y completar álbumes eran actividades fundamentales de la infancia que, apenas iniciada la adolescencia, se olvidaban completamente. Sin embargo, sin saberlo, los pibes y pibas legamos al mundo adulto algunas expresiones de uso coloquial, como "no te hagás la figurita difícil", "esta es una figurita repetida" o "más gastada que figurita de chupi".
Cultura popular y memoria colectiva se entrelazan en esta muestra sobre figuritas argentinas de 1920 a 1990. Un viaje colectivo por la historia de las figuritas que es, al mismo tiempo, un recorrido por la memoria nacional.
Oscar Smoje
Director
Palais de Glace - Secretaría de Cultura de la Nación
Iconos de un tiempo de felicidad
Righi, Cielinsky, los hermanos Griguol, Colman, Vernazza, ¿quién los va a recordar, aparte de sus familias, sino los veteranos de sesenta y setenta que cuando calzábamos pantalones cortos jugábamos, juntábamos, comprábamos y cambiábamos figuritas?.
En tiempos en que la TV era patrimonio de pocos, las figuritas eran el único recurso a mano para conocer qué rostro tenía cada uno de los futbolistas, aquellas mayorías silenciosas de jugadores que no eran ídolos y estaban ausentes de las revistas deportivas.
No fui hábil corriendo, gambeteando con la pelota, escondiéndome, fajándome con los de la otra cuadra, fabricando barriletes ni preparando autitos de carrera o armando carritos con cajones y rulemanes. Lo practiqué casi todo, pero no estaba para el aplauso. Sin embargo, era bueno jugando a las figuritas. O yo me lo creía.
Estoy hablando de los juegos de las calles de los años '50, la mayoría bien competitivos. Pero jugar con figuritas suponía un ritual distinto, acompañado de una iconografía y una promesa. Todo un corpus visual que se expresaba en las imágenes de los cartoncitos redondos y en las menos numerosas figuritas de chapa, en la pobreza de las virtuales fotos carnet de esos personajes nada fotogénicos que eran los futbolistas de la era pre-mediática. Una estética ciertamente rudimentaria, pero fascinante a los ojos de los pibes, que se completaba con los paquetes, con el álbum, que planteaba un desafío y la gran promesa de la imposible número cinco de cuero a cambio de llenarlo.
Me atrevo a decir que ningún juego era tan completo como este. Por ejemplo, el juego de las bolitas me atrapaba, pero ¿cuántas bolitas tenía sentido coleccionar, y para qué?
Lo de las figuritas, en cambio, incluía, además del azar, las destrezas y las competencias de otros juegos -que a veces eran feroces y terminaban a las piñas -, habilidades adicionales para ejercitar sin torpeza el trueque, estrategias para llegar a las "difíciles", entre ellas la indispensable cuota de seducción hacia los adultos para conseguir financiamiento, y muy especialmente la obsesiva disciplina del coleccionista.
Hoy estamos hablando de la disciplina del mayor coleccionista de figuritas que, como todo coleccionista, nos tiende un puente con el pasado. Regresan con sus colecciones imágenes y referencias de un tiempo de felicidad, al margen de todo sufrimiento. Y cobran jerarquía de mercado aquellos objetos entrañables que los días de suerte llenaban a reventar nuestros pequeños y deshilachados bolsillos.
Jorge Halperín.
Olvidadas en el tiempo, perdidas en algún cajón o desván, nuestras figuritas resisten
en la memoria y el sentimiento de todos aquellos que alguna vez sufrimos por
las "difíciles" y disfrutamos la deseada pelota de cuero número 5.
Rara paradoja. Casi todos nosotros,
niñas o niños, alguna vez coleccionamos nuestras figuritas. Aun aquellos con
muy escasos recursos, siempre se las
arreglaban para poder tener algunas, aunque fueran pocas, pero muy preciadas.
Sin embargo, llegada la adolescencia pasan al olvido, son "cosas de chicos" o nuestras madres las tiran "para hacer lugar".
Ya parecen sólo objetos del pasado y, de haberlas tenido muchos de nosotros, pasan a ser algo raro, inencontrable y, en algunos casos, casi inexistente.
No obstante, todo queda. Y cuando el recuerdo vuelve, muchas veces ellas
ya no están. Y este es nuestro homenaje.
Traerlas nuevamente del recuerdo de
nuestra infancia perdida a nuestro
presente que todavía se emociona
al verlas, olerlas y sentirlas.
Rafael Bitrán
Horario: Martes a viernes de 12 a 20 hs. Sábados y domingos de 10 a 20 hs.
Horarios de Semana Santa: de 10 a 20 hs.
Entrada libre y gratuita.