Bajo el imperio de un atemperado equilibrio, el moderado sistema de Casanova se manifiesta según una suerte de compendio muy selectivo de colores, donde la licuación, la tenue espesura del pigmento hace que los cálidos y fríos, por un lado, se contradigan como corresponde, y por otro se contagien, se cohesionen en los límites de cada fragmento, como transparencia, separación, o sutura; todo el conjunto parece regido por un conciliábulo silencioso entre la gestualidad, la racionalidad, la improvisación y, al mismo tiempo, se lo percibe invadido de una incipiente inquietud que asoma allí, en los intersticios, en lo menos significativo de estos ensayos de elementalidad compositiva.
La pintura de Casanova se afirma en ese esquema simple, en esa arquitectura del cuadro que supone inmediatamente, más que cualquier otra revelación, apenas la gramática primaria de asordinadas variables cromáticas, la marca física, la mera consecuencia estetizada, del acto pictórico en sí mismo, del in-formal hecho consumado, con una fuerza íntima, descarnada, que parece responder a una cierta moral, al sinceramiento último que coloca la acción, la decisión de pintar, en el extremo menos lujoso de la experiencia. Es el rostro de una pintura sin fisonomía, que quizás refleje un estado de conciencia empeñado no tanto en la prestigiosa expresión, o en satisfacer las urgencias del arte, sino en la nueva búsqueda de una relación, interrogativa antes que presupuesta, entre el mundo material y espiritual; un ejercicio hipotético de transfiguración que convierta a cada cuadro, y al pintor, en otra cosa.
Eduardo Stupía, febrero 2009
Galería Van Riel
Juncal 790 PB
Ciudad de Buenos Aires
54-11-4313-5553
info@vanriel.com.ar
Doy un paso, el primer paso
La casa cansada cae
Hay un horizonte lejano en la ventana
Un horizonte que gira y que gira
Hay personas como muñecos de trapo
Y autos de plástico que ladran
Pelotas de colores que me hablan al oído
Una lámpara inútil me persigue
Y un lago profundo muerde mis pies
Caigo en el agua helada
Hasta ahogarme de llanto
Sobre un hombro que olvidé