Podríamos decir, a simple vista, que en esta serie de fotografías presentada por Omar Tegaldo el tema central es la arquitectura. Luego, en una segunda aproximación y siendo más precisos podríamos ajustar el tema y enmarcarlo dentro de la arquitectura religiosa medieval, con lo cual la idea de tiempo y de historia se acoplan irremediablemente a cada una de las piezas presentadas.
Sin embargo hay una motivación más profunda y existencial detrás de todas las tomas. El núcleo central de sentido sobre el que se articula toda la serie es el silencio. Silencio que transita, envuelve y da sustento a toda la serie.
Omar Tegaldo quiere hablar del silencio y posiblemente no haya mejor elección para volcar en imágenes esta idea que sobrevolar el medioevo.
Lo medieval es el espacio histórico que se refiere al silencio, al replegado de la humanidad sobre sí misma, el tiempo de la quietud y el pensamiento profundo, un territorio ampliamente proteico desde donde luego, siglos más tarde, hará erupción el Renacimiento.
Las fotografías presentadas son fragmentos, espacios mínimos, detalles. Ninguna de las tomas conlleva un gran discurso visual, ninguna pretende explicar el todo. Sin embargo, estos retazos arquitectónicos, escultóricos, pictóricos, se vuelven centrales, parlantes, el silencio que pretenden cargar comunica y se resuelve intensamente descriptivo.
Son pequeños datos silenciosos, que paradójicamente están poblados de imaginerías, de historias y misterios. Por este mismo motivo , y a pesar de las intenciones del autor, este silencio que está presente en el clima general de la muestra resulta ser grandilocuente. Un silencio altamente alegórico. Una arista con un personaje, la tracería calada de los arcos, las bóvedas nervadas.
Todos los elementos se establecen en un ámbito silente pero por demás cargado de simbolismos. Desde el fragmento y la filigrana de rejas y crucerías, hasta los recortes de las pinturas murales, pasando por las compactas y pequeñas esculturas y relieves, el silencio nos habla de la intimidad y la interioridad pero a su vez también de la totalidad y de lo absoluto.
En estas tomas la quietud se impone y adquiere un tenor dramático que es acrecentado por la dimensión temporal. Un tiempo tan lejano como inaudible, tan oculto como incomprendido. Es el tiempo del misterio, que abre los poros de la imaginación, el tiempo suspendido, pasado y presente en estas fotos, íntimamente silenciosas y a la vez extraordinariamente elocuentes.
María Gnecco
Curadora: María Jesús Gnecco