En el marco de la 5ª Bienal, el Palais de Glace exhibe los Grandes Premios de Honor del Salón Nacional de Arte Textil desde su creación en 1978 hasta la actualidad, todos ellos de su Patrimonio. Los treinta años que dicha colección abarca instruyen de manera elocuente sobre los cambios en el desarrollo de esta modalidad artística que han tenido lugar en la Argentina. De esta manera, confluyendo con el propósito de la 5ª Bienal, la muestra, que cuenta con la curaduría de Oscar Smoje, constituye un fiel testimonio de la capacidad de adaptación de los textiles al mundo contemporáneo y su comunicación con las nuevas tecnologías, dando cuenta de la renovación y vitalidad de la disciplina en Argentina.
El nuevo arte textil
No tenemos la certeza, pero es muy probable que algún remoto antepasado vislumbrara el primer tejido al observar una telaraña. El paso al telar se demoró, por supuesto, pero estos nos han acompañado durante más de seis milenios. Las telas de la cultura Paracas, en lo que actualmente se llama Perú, exhibían tramas sólo comparables en sutileza con lo que en la misma época, hace más de dos mil años, se hacía en Egipto. En ambos casos, ciertas telas servían como mortajas: desde las tumbas, enviaban mensajes al más allá, una indicación del parentesco entre tela y texto.
Cuando Luis XIV hacía la ronda anual de sus castillos, los gobelinos lo acompañaban en esos desplazamientos y, durante su estadía, iban a cubrir las inmensas paredes palaciegas y desnudas. Ilustraban leyendas como, por ejemplo, La dama y el Unicornio. También aislaban ambientes a menudo gélidos. Al mismo tiempo, sus súbditos más humildes se protegían con ropa tosca fabricada en los telares de su pueblo. Muerto el rey, sobrevino la ilustración y la industria, con telares mecánicos programados con tarjetas inventadas por Joseph Marie Jacquard. Pero el arte textil sobrevivió, tanto en las exquisitas alfombras que se tejían en la meseta irania, como en los telares de artesanos en todos los continentes.
El art nouveau y casi todas las tendencias y estilos pictóricos siguientes, ya fueran inspirados en Mondrian o en Matisse, dejaron su impronta en el arte textil moderno. Hoy, la ruptura con la tradición se nota de un modo muy evidente: el tapiz, la obra de arte textil, ya no se exhibe sólo en una pared ni envuelve a los muertos. Invade otros espacios, a veces como una instalación, y las materias primas originales se han visto enriquecidas y reemplazadas por otros materiales como, por ejemplo, los metales, los plásticos, la madera o el vidrio.
La presente colección de Grandes Premios Nacionales de Arte Textil, del fondo de la colección del Palacio Nacional de las Artes, abarca treinta años e instruye, de un modo elocuente, sobre los cambios en el desarrollo de esta modalidad artística, que han tenido lugar en la Argentina y en el ámbito internacional. Tanto el texto como el contexto han variado, y el mensaje, también. Desde la estructura vertical, hecha con lana y fibra de vidrio, de Gracia Cutuli (1978), hasta el sutil Fibras de texto de Pablo Lehmann (2008), que usa papel calado impreso, y las puntas punzantes que surgen de las formas de Nora Correas (1988), se pueden observar los rasgos de esta ruptura radical.
Los veinticinco cubos formados con alambre de cobre, de Susana Rymberg (2004), despegados del suelo, ilustran con elocuencia el paso a una nueva concepción de lo que fuera meramente "Arte Textil". Lo mismo ocurre con el marco de metal con elementos suspendidos sobre hilos en su interior, de Berta Teglio (2000), y la urdimbre con forma de proa, hecha de ramas, fibras vegetales e hilo que Matilde Algamiz exponía colgada de la pared (1992) da cuenta de una voluntad de irrupción en el espacio tridimensional que caracteriza a estos artistas. Los elementos de cuero retobo texturado, expuestos verticalmente sobre varillas, de Azucena Miralles (1979), confirman el parentesco con ciertas instalaciones.
Nuestras antiguas categorías, en este caso la que identificaba el tapiz como arte textil, se amplían y se rompen ante la influencia y confluencia de otras modalidades del arte visual. Se juega con nuevas técnicas que imponen conceptos nuevos. Nos esperan, tal vez, móviles que se reclaman a sí mismos como tapices y, seguramente dentro de poco, tejidos interactivos, donde el texto nunca quede fijado. A medida que crece nuestra experiencia, como un globo que se hincha, se agranda aun más la superficie que ésta presenta hacia el exterior, hacia lo desconocido.
Bengt Oldenburg
Horarios
Martes a viernes de 12 a 20 hs. Sábados y domingos de 10 a 20 hs.
Entrada libre y gratuita. Quienes deseen contribuir con la Asociación de Amigos del Palais de Glace, puede adquirir un bono contribución de $2
Dirección
Posadas 1725, Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Ahora duerme como un niño sobre el pecho
Tanto roble, tanto alcohol
Sabio como el río y su aire lento
Esa piel que el sueño mece
Quién podrá con tanto vértigo
Qué madera talló el cauce
Todo es borde en este abismo
Todo es último en diciembre
Cae la piedra en el último desvelo
Y todo vuelve a empezar