Esta es una muestra singular de María Martha Pichel donde se desprende de las anteriores representaciones, el énfasis del cuerpo humano trasladado ahora a una colección de buques desolados.
Esta selección de naves metafísicas son el paradigma de la deriva en el plano del infinito y constituye el mundo íntimo de las intenciones del artista Pichel. Una soledad que flota en un universo inabarcable buscando en las direcciones radiadas por la mente un horizonte donde encuentre puerto la angustia.
La muestra se describe con 6 obras de un promedio en tamaño de 3X2 con una representación clásica de buques en alta mar pintados en acrílico sobre tela.
Sala 4
Centro Cultural Recoleta
Junín 1930
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
4803-1040
Nadie oye la levedad del instante
El fruto que cae maduro antes del golpe súbito
El surco de la palabra en la lengua inmóvil
La lágrima que evade al llanto
La piel que a la mano anhela
Nadie oye el crujir del cuerpo quieto
El latido espeso del no
La garra informe del miedo
Nadie oye el oprimir del hueco en la memoria
Ni el absurdo devenir del sueño
Apenas la piedra en el ojo
Un aleteo de pestañas
Que por toda falacia vibran