Héctor Fontán siente la tierra con el corazón. Su interés, su curiosidad, su inmensa vitalidad, su pasión, se transmite en sus obras y seduce al espectador, que queda atrapado en una naturaleza primigenia.
Esa naturaleza es América Latina, compleja, bella y terrible. En ella, Fontán nos muestra a Rigoberta Menchú Tum, su incansable trabajo de denuncia sobre el genocidio en Guatemala, su lucha contra la impunidad, y a favor del respeto a los derechos humanos en general y de los pueblos indígenas en particular. Fontán, que amó América, nos transmite toda la fuerza y el drama del mundo en que nació y vivió.
A casi un año de la muerte de Héctor, es para mí un gran orgullo acompañar su obra y acercarla al público, por el amor, la dedicación y el compromiso que se manifiestan en su trabajo.
Quiero agradecer a su familia y, especialmente, a sus amigos, que incondicionalmente permanecieron a su lado a lo largo de toda su carrera, y han permitido entre todos la realización de esta muestra homenaje.
Ruben Betbeder
Curador
Cuando Estética vuelve a ser aisthesis.
La pintura, los dibujos y esculturas de Héctor Fontán.
Comprometerse con la estética implica unir el espíritu personal con las vivencias colectivas. Acariciar la palabra aisthesis (estética en el griego original), introducirse en su qué profundo, obliga a conversar serenamente con dos lenguajes que no nos son extraños: por un lado, aquel idioma de los equilibrios, las tensiones, los colores y las composiciones, y, por el otro, el verbo convertido en piel, esto es la sensibilidad con todas sus palabras: el compromiso para con los otros.
Los grandes maestros eligen diversos caminos en sus búsquedas del diálogo equilibrado entre estos dos lenguajes. Algunos indagan la figuración, otros escrutan senderos lindantes al universo abstracto, y existen quienes, desde lo conceptual, se involucran de lleno en la estética. Pero todos, en la conformación de la obra, no descuidan la convivencia entre esos dos idiomas que definen a la plástica.
Héctor Fontán, quien abrazó diversas modalidades creativas, se asoció tempranamente a la figuración. En sus esculturas, al igual que en las pinturas, el cuerpo humano es tratado de manera delicada, observándose, a un mismo tiempo, exclusividad y apertura en la edificación de los volúmenes o en la elección del color.
Es innegable el estudio de las formas precolombinas, un estudio que no aprisiona los planos inherentes a la concepción de la obra. Importa señalar esto último, pues el compromiso militante le llevó a incorporar elevadas formas ya presentes en las civilizaciones americanas. Pero, y aquí lo innovador, esas formas son replanteadas, encontrando nuevos contextos y situaciones que, manteniendo el espíritu originario, permiten la expresión de imaginarios y cosmovisiones sumamente actuales.
La iconografía de Fontán, que aún debe ser estudiada con holgura, prepara las miradas para comprensiones más bastas del Ethos americano. Sus reconstrucciones de nuestra identidad lo ubican entre quienes consideran al camino de la cultura como una elección constante por lo genuino. Enseña a regresar a las raíces sin descuidar las dimensiones satisfactorias del presente.
Me inclino a pensar que este maestro de la Estética sabía muy bien el camino tortuoso de Logos (concepto griego traducible por palabra, razón e, incluso, pensamiento). Fontán sabía que Logos es ambicionada por Kratós (el poder), pero me animo a sospechar que también sabía del amor incondicional de Logos por Klasís (la ruptura).
Antes que al poder, el pensamiento mira la ruptura. Las obras de Fontán lo atestiguan, de manera irrefutable.
Miguel Ángel Rodríguez
Investigador y crítico de arte
Curador: Rubén Betbeder
Sponsor: Betbeder Consultoría de Arte
Inauguración: 06/12 Cierre: 20/01/08
Dirección:
Viamonte esq. San Martín, Buenos Aires, Argentina
Tels: 0054 (11) 5555-5359
email:
info@ccborges.org.ar
Horarios:
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.
Tarifas:
Entrada general $ 8,00.-
Entradas estudiantes y jubilados $ 5,00.-