Amárica, el paisajista sentimental:
Una antológica en las Salas Boulevard muestra la evolución del pintor vitoriano. El artista adoptó las técnicas y los temas de los impresionistas para adaptarlas a su forma de sentir la pintura.
Teresa Flaño | San Sebastián:
La Cifra: 8 cuadros firmados por Fernando de Amárica son propiedad del Museo de San Telmo de San Sebastián. En esta exposición se pueden ver 'Peñas de Amboto y Echagüen' (1919), 'Grises en el Ega' (1935-1941) y 'La ciudad medieval' (1942).
La exposición:
Lugar: Salas Kutxa Boulevard. Boulevard 1- 20003 San Sebastián
Fecha: Desde hoy hasta el 8 de diciembre.
Horario: Todos los días de 11.30 a 13.30 y de 17.00 a 21.00 horas. Entrada libre
La última antológica del año organizada por las Salas Kutxa Boulevard permite comprobar la evolución del pintor alavés Fernando de Amárica, un ejemplo del recorrido que muchos artistas realizaron en el periodo llamado entre siglos, (XIX-XX) donde pasaron de un academicismo clásico a asumir nuevas técnicas donde la forma dejaba paso a la luz y el color. Iñaki Moreno Ruiz de Eguino, comisario de la muestra explica que «la obra pictórica de Fernando de Amárica se corresponde con un ciclo vital de transformaciones políticas, sociales y culturales, que no podían quedar ajenas a una personalidad dotada de una fina sensibilidad». También añade que «Amárica se me antoja ahora más pintor de lo que me parecía hace años. Mejora con el tiempo. Además es muy complicado conseguir su obra porque en un gesto de generosidad donó más de 420 cuadros a su ciudad, Vitoria, para que creara una fundación con su nombre».
La antológica, que se reparte por las tres plantas, reúne 63 cuadros en los que el público puede admirar la capacidad de este autor, esencialmente autodidacta, para captar la esencia del paisaje vasco, riojano y castellano, así como las geografías de costa e interior, pero siempre al aire libre. Como lo define Moreno Ruiz de Eguino: «Amárica, pintor de cielos, campos y mar».
El artista, en su estancia en París, absorbió los principios del impresionismo, los hizo suyos y a su vuelta a España los aplicó a sus paisajes naturalistas repletos de sentimientos, de tal manera que no se le puede enmarcar en una determinada corriente o tendencia artística. En el catálogo editado por Kutxa con motivo de la exposición su biógrafa Paloma Apellaniz señala que «Amárica fue impresionista por la coincidencia en la forma de ver y sentir el paisaje, haciendo resplandecer el color con toda su frescura, con la aprehensión de los instantes lumínicos y las diferentes atmósferas».
Gran parte de esta libertad se encuentra en sus orígenes burgueses que le permitieron poder dedicarse a su pasión sin tener que pensar en el dinero. Sus temas son los mismos que los de los impresionistas: el agua, la vegetación y el ambiente de las ciudades que traslada a su entorno más cercano.
Los comienzos:
Sus inicios academicistas se ven reflejados 'Viejos Sauces a orillas del Zadorra', de la serie de cuadros dedicados al río alavés y a los pueblos que atraviesa. También de esa época es el autorretrato que abre la exposición, se trata de un lienzo pintado en 1896 donde se plasma como artista.
La inmersión en ese primer impresionismo queda reflejada en dos de los cuadros de la muestra 'Jardín de Luxemburgo y 'El Sena y Nôtre Dame (Atardecer)' en los que realiza una investigación de la incidencia de la luz que varía según el paso del tiempo, el momento del día, pero siempre sin llegar a romper las formas. Iñaki Moreno Ruiz de Eguino comenta que «evoca el proceder monetiano».
En la planta cero se encuentra uno de sus cuadros más reconocidos 'Tarde de septiembre en las orillas del Zadorra' (1902), que participó en el Salón de París de 1902 donde fue elogiosamente comentado por la crítica. Posteriormente lo expuso en la Exposición Personal que realizó en Madrid en 1923. En la actualidad es propiedad del Museo del Prado.
El centro de este espacio se ha dedicado a otro de sus temas favoritos, 'Espejos del Ebro' donde aflora la técnica del artista traduciendo plásticamente las impresiones instantáneas con aguas tranquilas que en otros se transforman en fantasmagóricas.
La tercera planta de la exposición comienza una vez más con paisajes, esta vez de la Costa Vasca. «Proyectó su mirada hacia otras aguas, las del Cantábrico, para convertirse en marinista, aunque rompe la regla general de los pintores de esta temática al imponer su luminosidad frente a una gama predominante de grises y azules, tamizados en ocasiones por una suave bruma». 'Mar y tierra vascos' (Bermeo, 1920) cielo y agua se funden en una fuente de luz.
Otro tema habitual de los impresionistas fue el ambiente de las calles, pero si los franceses mostraban el bullicio de los bulevares parisinos Amárica muestra escenas cotidianas de la calles de Vitoria como 'La ciudad con sol' y 'La ciudad con lluvia', ambos de 1905, o de Haro y Estella.
Amárica pintó hasta el final de su vida como se refleja en la antológica. De sus últimos años hay una de sus series más conocidas 'Sauces del Zadorra'. En la muestra se encuentra 'Sauces abuelos, padres, hijos, nietos a orillas del Zadorra' que tiene cierto toque de Van Gogh. Moreno Ruiz de Eguino explica que «durante este período observamos cómo aflora una espontaneidad plástica y una intuitiva percepción hacia todo lo que le rodea. La audacia y libertad en la aplicación del color hacen que rompa con la representación formal, se aleja del objeto».
Salas Kutxa Boulevard. Boulevard
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