Pinturas
Plasmar en una pintura una superficie de la tierra, supone imaginar una porción de tiempo en el sentido inverso. El tiempo que se eleva, llega hasta el cielo, y deja flotando en el aire -o en la magia del arte- todo aquello que inspiran los sueños
Al representar pictóricamente escenas de la naturaleza, los diversos elementos que componen el registro -mar, arena, árboles, bosques, ríos- pueden constituirse dentro de la teoría de los cursos y recursos -ciclos interminables de la historia-; o el concepto del eterno retorno, en el que no se trata ya de nuevas combinaciones, de otras posibilidades, sino que los mismos acontecimientos vuelven a repetirse. En el mismo orden. Tal como ocurrieron. Sin posibilidad de variación.
Pero los trazos del tiempo y los colores del espacio -imaginados en una determinada realidad- pueden plasmarse en una pintura. Y el paisaje -en una suerte de parábola épica- se constituye como tal al conjugar todos sus elementos con otro -en apariencia- de otra naturaleza.
En la tradición pictórica, al asumir el rol protónico el cielo aporta una noción de tiempo que configura el orden y la naturaleza de todos los demás actores. El elenco, sale entonces a representar su propia ficción, llevando el plano de lo irreal al centro escena; y como por arte de magia, el primer plano es entonces el real.
Del mismo modo, el flujo del tiempo en su movimiento constante puede convertir lo mágico y misterioso en lo bello y aterrador. "¿Porque no buscar siempre lo que es parada en un camino, lo que hay de otoño en un verano? ¿Lo que hay de ardiente en lo mas frío? ¿Lo que es recuerdo en el olvido?" ¿Lo que es pregunta en la respuesta?"
Quizá por ese motivo la filosofía analítica intenta demostrar -desde hace casi un siglo- que nuestra percepción del tiempo es una ilusión; apenas una abstracción sin existencia real.
Y en ese flujo transcurren los paisajes de Alejandro Bottini. Pinturas; como series temporales, que nos invitan a reflexionar en torno nuestra intuición cotidiana del presente.
"¿Que pasa cuando observamos un objeto de arte? ¿Cómo definir o siquiera explicar lo que se siente? ¿Qué cosa es el observador?", se pregunta el artista en palabras, mientras sus obras discurren desde el pasado más remoto hasta el más cercano, llegando al presente y del presente al futuro más próximo. "Si siempre quisimos que el mundo se viese como hoy lo vimos, como se debería ver, o como lo presentimos" (Elvio Romero). Y del mismo modo, la poética visual de Alejandro Bottini no concibe ni el espacio ni el tiempo como sustancias. Más bien, se trata de una estructura sistemática -un método- que podemos utilizar para nuestra propia experiencia ante el hecho artístico.
Y en esa observación, las medidas espaciales utilizadas para cuantificar hasta dónde se encuentran los objetos separados, se funden con las medidas temporales en el uso del color; las luces que articulan la duración del acontecimiento, son el hecho artístico en sí, y las formas subyacentes convierten la complejidad de un registro pictórico en una idea; por la creación de fantasías para aliviar sueños de profundas raíces en la naturaleza; o por la creencia en una época pasada de armonía y orden, que se recupera en el presente de su obra; los momentos en que el arte dialoga -de forma mágica y misteriosa- con el flujo del tiempo.
Diana Saiegh
Curador invitado Juan Astica
Horarios
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.
Tarifas
Entrada general $ 10,00.-
Entradas estudiantes y jubilados $ 7,00.-
Centro Cultural Borges
Viamonte esq. San Martín
Buenos Aires
Argentina
Tel: 0054 (11) 5555-5359
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