Plástica
Damián Puig. Pinturas. Acrílico sobre tela
Del 09-10-2007 hasta el 09-10-2007
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Damián Puig
Pinturas
Acrílicos sobre tela
"No es el deporte más completo como se dice casi automáticamente. Es mucho más, hay algo inaccesible a los profanos. Sólo los iniciados que nadan con frecuencia saben de qué se trata. Damián Puig es uno de ellos y expone hoy algunos indicios para entender que nadar es algo más que un entrenamiento. Los miembros de esta cofradía saben que la línea roja y la blanca son algo más que un recurso compositivo. La primera separa lo playo de lo hondo, la segunda determina el curso del nadador. Pero esto no es todo, hay otros códigos para descifrar. Cada cuadro pintado por Puig es más que la descripción de una situación, es la misma sensación del hombre que nada; cada obra sale del taller, pero también de la pileta. En cada cuadro se cruzan dos miradas, la del pintor y la del nadador. ¿Qué ve un pintor-nadador? Si nada crawl mira hacia abajo y hacia el costado; pecho, hacia abajo y hacia delante; hacia arriba si nada espalda, y hacia delante y abajo, mariposa. En todos los casos impera un universo cuadrado y diminuto que se multiplica una y otra vez: miles de venecitas celestes. Damián las pinta meticulosamente, una y otra vez, como la penitencia de un discípulo descarriado. Capta la progresiva diferencia entre una zona iluminada y otra más oscura. Cada uno de sus cuadros es como bracear un largo de pileta, de lo playo a lo profundo, de la luz a la media luz. A veces la vista se puede enfocar más allá del diminuto azulejo; entonces aparecen las líneas de luz que obedecen al mandato caprichoso del agua.
"Qué solos se quedan los muertos", decía Bécquer; qué solos nadan los vivos, parecen decir las pinturas de Puig. En la pileta no se habla, no hay diálogos con los otros nadadores; si aparece un amigo, se charla después. Los nadadores de Damián están absortos en su propio mundo y lo único que ven es su propio reflejo, no por narcisismo, sino por interioridad. Cada tanto la mirada abandonada de un nadador se cruza con la de otro, casi como un encuentro fortuito. Los hombres acuáticos de Damián parecen tan uniformes como las venecitas, pero no es así. Si miramos con atención, notaremos alguno que no ocupa su lugar, que se escapa, se zambulle o simplemente no está. Es el distinto, el que no sigue el patrón. Igual sucede con las chicas, ellas flotan en los salvavidas, pero una se atreve a zambullirse en lo más profundo.
No cuento los metros, sólo miro el reloj de la pared. Tengo mi tiempo. En los primeros diez minutos cambio el aire de los pulmones –me enseñó el guardavidas-, luego entro en ritmo. La respiración conciente, tomar aire por la nariz, espirar por la boca, escuchar una y otra vez el burbujeo de la propia respiración, nada se asemeja más a una meditación en movimiento. A veces suele pasar algo fascinante, los ingleses dicen “to pass the line”, algo semejante a perder la conciencia del yo. Como la situación es inefable, mejor será no describirla. Dicen que algo semejante sucede con los corredores. Y ahí está uno, solo, nadando, respirando una y otra vez como reafirmando que está vivo. Damián traduce el universo del nadador en el territorio de la pintura como pocas veces se ha hecho. En cada cuadro, el artista se atrevió a develar algunos secretos de nuestra cofradía, otros seguirán resguardados en el agua. Y los profanos continuarán creyendo que nadar es el deporte más completo, sin sospechar el resto."
Julio Sanchez
"En coloridos natatorios de coloridas venecitas, emergen y sumerjen nadadores que esperan su turno para disfrutar del agua. Nadadoras beauties de los años 40, que dentro de flotadores nos miran invitándonos a tirarnos al agua.
Fresco de buen color y dibujo".
Nanú Zalazar
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Viamonte esquina San Martín, Ciudad de Buenos Aires.
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