Quiroga y la Selva Iluminada se desarrolla en el ámbito familiar, en donde el aburrimiento de Delfina, la nena protagonista lleva a los mayores a introducirla en la lectura a través de Los cuentos de la Selva de Horacio Quiroga, transportándonos del interior del hogar a la cálida siesta misionera, a las húmedas costas de río, al encuentro con los animales.
Actores y espectadores comparten el mismo espacio, convirtiéndose el público en parte de la historia, todo ello en la más absoluta oscuridad y con la simpática presencia de títeres lumínicos.
Fue un sueño de días como años como vida
Un árbol ahogado de raíz
Un crujir de huesos astillados
Un cristal marchito una flor rota
Abrió los ojos miró sin ver
Un murmullo de siesta dejó de oír
Ceniza en los pulmones como oxígeno y cal viva
Fue un sueño de días como años como vida
Un cristal ahogado de raíz
Un árbol de huesos astillados
Un crujir marchito una flor rota
Otro muerto que despierta
Nadie ha visto el fin del fin
Hombre terco que aún sigues soñando