Martin Alvarado en concierto solista en Los 36 Billares
En uno de sus últimos conciertos en Argentina antes de comenzar su 35ta gira Internacional como solista por ciudades de Colombia, Finlandia, Estonia y el Reino Unido el cantante Martín Alvarado, descrito por el legendario cantor de Astor Piazzolla Héctor de Rosas como "La mejor voz de Buenos Aires" y por la prensa europea como "La voz del tango del siglo XXI", se presentará acompañándose con su guitarra en "Los 36 Billares" de Av. de Mayo 1271 (C.A.B.A.) presentando obras de sus cuatro álbumes solistas y canciones de autoría propia.
Además presentará un segmento de canciones poco difundidas de Homero Expósito tales como "La vida pequeña" y "Petit bar" acompañado por el talentoso joven pianista Juan Miguel Expósito, sobrino del poeta.
Domingo 29 de mayo, 20 hs
en "Los 36 Billares"
Av. de Mayo 1271, CABA
Reservas al 4122-1500
Entrada 120 pesos
Breve Biografía:
Martín Alvarado es uno de los mas destacados cantantes de la nueva generación de la música popular argentina y se ha convertido, a partir de su trayectoria plasmada en 33 giras internacionales como solista, en un verdadero embajador de la cultura argentina en el mundo.
El legendario Héctor de Rosas (cantante de Astor Piazzolla) lo describió como "La mejor voz que tiene Buenos Aires" y la prensa británica como "El cantante de Tango del siglo XXI" tras ser galardonado en el Reino Unido con el "Latin UK" en la categoría "Mejor concierto de Artista Internacional" compitiendo con estrellas de la talla de Paco de Lucía, Jennifer López, Oscar de León y Juanes.
Martin Alvarado tiene cuatro discos editados y se encuentra produciendo otros tres (uno en Buenos Aires y dos en Finlandia) y lleva protagonizados mas de 700 conciertos solistas como en Argentina, Colombia, Ecuador, Uruguay, Rusia, Finlandia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, Gales, Noruega, Suecia, España, Italia, Eslovenia, Hungría, Bulgaria, Republica Checa, Polonia, Austria, Letonia, Estonia, Bélgica, Francia y Alemania.
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.