Los límites de la conciencia se disuelven para dar forma a lo que no tiene nombre. En un juego de desintegración se pierde el horizonte del lugar al que creí haber llegado. De lejos la vista engaña, lo aparente es lo que se ve con el Google Earth, surfeando desenvuelto en lo que el paisaje anticipa.
Tanto tiempo mirar creando la ilusión, alimentarla para llegar a algún lugar que no es más que el mismo en otra de sus infinitas subdivisiones, bulbo raquídeo, glándula atrofiada.
De la vibración proviene la existencia, de la emanación todo lo que gira, sin alimentar el ego ni la mente, ni el pensamiento. Ahora la disociación es parte del paisaje y éste no es más cuando se lo atraviesa y se lo mira con el ojo del centro, el cuerno que abre como un velo nuestro portal hacia el infinito donde respiramos todos juntos", expresa el artista.
Salas 1 y 2
Centro Cultural Recoleta
Junín 1930
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
4803-1040
Un hombre grita en medio de la calle
Una mujer grita junto a él
Un niño grita porque sus padres gritan
Un perro ladra junto a su dueño
Un ángel cruza la avenida
Invisible y en silencio
Otra vez la voz que seca la garganta
La que el oído no ve
La que los ojos no escuchan