Cuando se estrenó, el film fue percibido de manera tan radical que se lo tildó como film de agitación. En realidad, lo que hace Helke Sander aquí es reflexionar acerca de la mirada masculina sobre la mujer, así como se reflexiona sobre la mirada que el cine tiene sobre los trabajadores. Ambos planos se entremezclan: una cámara de vigilancia sobre Irene revela imágenes del control; a su vez, estas imágenes se contraponen a la mirada de la cámara que filma el transcurrir de Irene en la fábrica.
Quiero que leas esta carta
No sé, quién sabe, ni yo sé
Ninguno sabe nada de lo que otros saben lo que nosotros deberíamos saber
No sé si estarás bien cuando recibas estos versos
El cielo es un volcán y no deja de llover
Llueve lluvia como hollín
Llueve sobre los brotes inflamados
como estos ojos secos
Tantos son los gritos
que el silencio es cada vez más profundo
y es cada vez más negro
Lejos la carta, lejos el cartero
Azul una mañana como la anterior
Azul como el aire y como hace ya tres días
El cielo abre un cráter, llueve lava
Una carta se quema sobre el revés de un hombre
Que no sangra