Cuando se estrenó, el film fue percibido de manera tan radical que se lo tildó como film de agitación. En realidad, lo que hace Helke Sander aquí es reflexionar acerca de la mirada masculina sobre la mujer, así como se reflexiona sobre la mirada que el cine tiene sobre los trabajadores. Ambos planos se entremezclan: una cámara de vigilancia sobre Irene revela imágenes del control; a su vez, estas imágenes se contraponen a la mirada de la cámara que filma el transcurrir de Irene en la fábrica.