Muki Rosati funde en el horno de su cocina collares de plástico de distintos colores y de ese crisol surgen inesperadas gamas que, en una nueva dimensión circular, se articulan rítmicamente para convertirse en las cuentas de un collar gigantesco. Estos collares "caseros" rinden homenaje a un aspecto de la mujer tan distorsionado por la cultura como es ese ancestral amoroso y sagrado arte de adornarse rescatando lo doméstico como acto creativo que se proyecta en el hecho artístico.
Tanto en la alquimia de cocinar los collares, materia prima y producto terminado a la vez, donde aparece la fusión del uno con el otro en una simbiosis casi amorosa, como en el armado de los mismos en el despliegue continuo de elementos semejantes, se intenta aludir a la dialéctica de los vínculos y al tejido simbólico que nos constituye como sujetos y como sociedad.
Curadora Nora Dobarro
Sala 11
Centro Cultural Recoleta
Junín 1930
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
4803-1040
Menos la noche espejo
Todo es arena movediza
Pantano de víboras
Un descampado que ahoga
Menos la noche que muerde sin veneno
Todo me rodea como legión de colibríes
Zumban tiesos en mis oídos
Tanta belleza aturde
Menos el secreto de la noche
Toda confesión es viva voz
Sepan que he cometido el peor de los pecados
He sido feliz
Ahora pago mi culpa
La culpa del temor perdido
Vuelvo pródigo a los brazos que me guían
Menos la noche impura