Domingo 17 de septiembre / 19 HS
Un paisaje bucólico y, contrariamente, una sordidez extrema. Capote, Faulkner, los Coen, pero también la universalidad de las relaciones de pareja. Una comedia negra sobre el amor, donde el cuerpo es el blanco, la zona de impacto, la carta geográfica de los puntos débiles.
Dirección e interpretación: Gabriela Prado y Jorge Martínez / Asistencia: Rodrigo Pedrosa, Mailén Briatore / Música: Gustavo Lucero / Escenografía: Alicia Leloutre a partir de un dibujo de German Parsons / Iluminación: Matías Sendón / Fotografía: Ana Carolina, Naranjo Rojo, Claudia Macchiavello
Empuña su lanza Don Quijote
Los ojos surcan las parcelas del desierto
Salta Rocinante las cercas que las unen
Todo es arena tendida entre horizontes
Por delante, el portador de todos los destinos
Por detrás, aquél que lo despoja de la historia
Embiste Rocinante la arena con sus cascos
Fiel a la orden del noble caballero
No sabe Dulcinea del valor de tal hazaña
No sabe del valor de su nombre en el hidalgo
Son tres los gigantes invasores
Brotaron de la arena misteriosa
No amedrenta al caballero el devenir incierto
Giran las aspas como tiempo y giran
El viento arrastra las agujas del gigante
Consumen las horas escasas y fugaces
Cava el aire la lanza del Quijote
Clava el ojo de la inmortal saeta
Yace el gigante tendido en el desierto
Junto a él yace el tiempo detenido
Unge Sancho al valeroso caballero