Pinturas
Hilda Marinsalta parte de un sorprendente viaje a la ciudad de Marco Polo que le produjo un impacto tal que su misma pintura se movió en un sentido axial.
En la misteriosa Venecia, cultura y naturaleza juegan en un diálogo que es casi una danza. La ciudad, emblema de la humanidad y sus producciones, lleva latente en sus cimientos la amenaza del agua que late permanentemente recordando el origen.
Aquí la artista se detiene y concentra su mirada sobre esa superficie que se muestra con todo su poder. Pero el agua no consigue por sus propios medios mostrarse, para lograrlo necesita de la imagen de lo que está arriba. Como si no pudiera, el agua, contarse a sí misma sino a través de otra cosa.
El resultado en la obra se traduce en un alejamiento de lo real, una imagen que en principio se percibe caótica, abstracta en un sentido no geométrico.
La decisión de encuadrar el detalle de esa experiencia visual quita datos anecdóticos que alejan la imagen de la mímesis obteniendo una abstracción orgánica. Entonces lo que eran aquellos edificios y su racional diseño se deforman en la superficie del agua en movimiento.
Esta nueva forma plasmada en la obra se sustenta en esos dos polos antitéticos y a la vez complementarios: la ciudad, símbolo de lo humano en tanto cultura, entendida esta como la búsqueda del sostén de la vida más la intuición del sentido, se contorsiona sobre una superficie que la refleja pero que no se deja ver en su esencia. El agua, símbolo de la naturaleza humana en su costado más imprevisible y visceral sostiene aquella imagen y la transforma.
Delante de estas pinturas nos vemos a nosotros en una introversión donde confluyen las estructuras más elevadas del hacer del hombre y la fuerza desaforada de la vida que empuja desde el fondo.
Lic. Luis Espinosa
agosto 2013
Curador: Miguel Angel Giovanetti
Inauguración 12/9 | Cierre 29/9
Sala 26