Pinturas
El color es una sensación, qué duda cabe. Una sensación que califica a las formas, da otra profundidad al espacio e integra a la imagen o a la metáfora plástica dándole una sensorialidad expresiva que la distingue. El color parte de los conos de la retina y se integra y realza en la percepción visual que se concreta en el lóbulo occipital del cerebro. Alli el color se internaliza como sensación por sobre lo pigmentario, y entra a jugar en dominancias y sutilezas. El color no es luz, aunque la requiera. Y la ciencia -desde Young y Fresnel, a Newton y Chevreul, ha sido bastante clara al respecto.
Goethe, quien presumía no tanto de gran poeta como de ser el hombre de su tiempo que más sabía en lo referente al color, afirmaba que el ojo necesita la contemplación íntegra del círculo cromático. Si percibimos un color, vemos aparecer a su alrededor otro que, con el primero, representa la totalidad del círculo. Quizá la idea de los complementarios lo llevaba a tal supuesto.Pero los colores poseen jerarquía y autonomía propias Son por lo que valen y por lo que el ojo los integra perceptualmente.
Los 72 que en un metro de diámetro corporizó Chevreul, aquél director de la manufactura de los Gobelinos, no es sino una ley de escala y gradaciones de grises que,sin ser aplicada, todavía puede gozar de razonamientos válidos. Ocho colores principales, a los cuales corresponden tres más por cada uno, en una tríada exacta que complementó Ostwald.
Fuera del espectro, los colores tienen temperatura. Y más allá del acuerdo entre cálidos y fríos, la temperatura que da la percepción de determinada gama, valor, tono, intensidad o saturación cromática.
Si tomamos un color -el azul, por ejemplo- advertiremos que existe un universo de azules. El del mar y el cielo no se corresponden con los que pigmentariamente puede integrar o disociar el ojo. El color es el que modela una forma, el que da otro cuerpo a una estructura; de ahí que nada tengan que ver (por dar un ejemplo obvio, casi ramplón) el periodo azul de Picasso con las antropometrías azules de Klein. Y no porque exista medio siglo entre una y otra, sino tan simplemente porque el azul viró en la percepción de uno respecto a la captación del otro.
El azul es un color dominante. Hace un tiempo, los científicos le dieron cierta preminencia al reconocer que es el que más incita creativamente. El azul puede, casi lúdicamente, cubrir sin otras correspondencias e integraciones cromáticas todo un plano o un volumen determinado, sin perder rango. Y no en la elemental receta monocromática, sino en el connubio participativo de todos los azules.
Soltanto Azzurro es, sin alardes, una intención de reconocimiento a este color. Muestra multidisciplinaria, en la que participan artistas invitados de lenguajes, materias y corrientes diversas, que con alguna frecuencia han elegido el azul para expresar sus ideas estéticas. No es poco que los hayamos nucleado en esta sala del Centro Cultural Borges y que -casi naturalmente- logrado que la variedad de obras y soluciones funcionen casi como un todo.
Taverna Irigoyen l María Sarah Guerra
Curadores
Artístas participantes:
Gabriela Aberastury l Rosemarie Allers l Juan Astica l Ary Brizzi l Alicia Candiani l Gracia Cutuli l Juan Doffo l Hernán Dompé l Lydia Galego l Jorge Gamarra l Liliana Golubinsky l Jorge Gonzalez Mir l Maria Juana Heras Velasco l Andrea Juan l Juan Lecuona l Cesar LÓpez Osornio l Matilde Marin l Eduardo Medici l Juan Melé l Adolfo Nigro l Miguel Ocampo l Lucia Pacenza l Alejandra Padilla l Teresa Pereda l Ernesto Pesce l Cristina Piceda l Rogelio Polesello l Josefina Robirosa l Beatriz Rodriguez Gauna l Mabel Rubli l Cristina Santander l Clorindo Testa l Carlos Trilnick l Mario Vidal Lozano l Ines Vega l Luis Wells l Graciela Zar.
Horarios
Lunes a sábado de 10 a 21 hs.
Domingos de 12 a 21 hs.
Tarifas
Entrada general $ 10,00.-
Entradas estudiantes y jubilados $ 7,00.-
Centro Cultural Borges
Viamonte esq. San Martín
Buenos Aires
Argentina
Tels: 0054 (11) 5555-5359
email: info@ccborges.org.ar
Sentado lee en la piedra
Lee símbolos
Lee signos
El cuerpo dormido como un signo
El misterio de una mujer desnuda como símbolo
Lee sentado en la piedra
El símbolo errático del azar
El signo del amor que calla
Graba la piedra con otra piedra
La que abrió su primera herida
Lee la piedra sentado sobre todos los pasados
Rasga con el dedo un símbolo
La piel agobiada de deseo
La mano vacía en la costilla
El labio que por crueldad no besó
El signo del amor que erra al cuerpo